La hiperespecialización que se nos intenta imponer (así tendrás trabajo, dicen…) puede ser tu tumba o lo más interesante de tu vida. Depende de la cantidad de serrín que uno lleve en la cabeza. Si el hombre del Renacimiento tenía que saber un poquito de todo, el de la decadencia del Imperio debe cavarse un agujero profundo para así sólo poder hablar del tema con otros dos o tres expertos (a los que odia porque compite con ellos por la beca, el puesto y los galones). Las universidades tienen su parte de culpa. Por más que escueza, no existe relación entre estudiar una carrera y ser más listo. Quizás por eso la manera de garantizar a los graduados que no han perdido el tiempo es especializarles mucho, tanto que nadie podrá discutirles nada porque a nadie le interesará conversar sobre “Los sufijos indoeuropeos, tu ta ti” o “La evolución testicular felina” (por poner dos ejemplos de tesis doctorales).
Pero hiperespecializarse puede ser la mejor manera de acabar hablando de todas las cosas excepto del campo de especialización. En la buena ciencia-ficción, en Philip K. Dick, no tienen la menor importancia los extraños nombres de las invenciones tecnológicas del siglo XXX, ni tampoco los planetas o las razas alienígenas. Son excusas para hablar de todo lo demás. Es el truco del género: detrás de una historia hiperespecializada sólo están las fábulas de toda la vida, ya estemos viendo un western o leyendo novela negra.
En Nueva York, hay un tipo que mantiene un blog hiperespecializado. Su objetivo es comer una porción de pizza margarita en todos los lugares de Manhattan donde la vendan. Después escribe su experiencia, añade una foto y pone nota. Es una buena excusa para hablar de Nueva York. Al fin y al cabo, se trata de un hombre renacentista en busca de la utopía: una buena pizza en la Gran Manzana (algo así como un pincho de tortilla en Sebastopol). La manera perfecta de clausurar su blog sería financiarse un viaje a Nápoles. Allí, por el mismo precio, disfrutaría de un manjar. La diferencia es tan grande que puede verse incluso en Internet.
Esto es Manhattan:

Y esto es Nápoles:

La especialización puede arruinarte la vida o hacértela más fácil. El tipo encargado del mantenimiento de esta carretera de Michigan es un buen ejemplo de héroe hiperespecializado. Según informan en Consultoría Artesana en Red, cuando los jefes le pidieron explicaciones, respondió: “Mi trabajo es pintar líneas, no andar quitando ramas”:






