Miguel Calzada

El pleonasmo de mis arterias

45950461Era 1992 y yo tenía un libro de Lengua en el que subrayaba el 90% de lo que encontraba escrito. Habíamos superado el ecuador de la EGB y por eso yo subrayaba en amarillo fosforito. Por eso se nos podía tratar de usted. Por eso empezaron a hablarnos de las figuras literarias.

No eran las vidas y obras de los Cervantes y los Dickens, sino formas no-convencionales de colocar las palabras. Virguerías expresivas, filigranas del lenguaje que la literatura debe usar sin pasarse pero sin quedarse corta. Entre el prospecto farmacéutico y el rococó hay un equilibrio en el que, según nos enseñaron, está la virtud.

Las figuras literarias eran tantas y tan densas que las habían arrinconado en un apéndice. No entraba para el examen, pero estaba ahí. Si uno se tomaba en serio la EGB y abría el libro para ver cómo terminaba, el desenlace eran las figuras literarias en orden alfabético.

Como la anadiplosis, que no era una glándula enloquecida sino empezar un verso con la misma palabra con que termina el anterior (“El general que se convirtió en esclavo / el esclavo que se hizo gladiador / el gladiador que desafió a un Imperio”).

Se empieza con la anadiplosis y se termina dando lecciones a los borregos (la palabra se arrastra para que mantengan la atención) o delirando como Yoda (“El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio lleva al sufrimiento”).

La analepsis no era un trastorno digestivo sino un simple flashback. La prolepsis no dolía porque solo era un flashforward. Y la antanaclasis no era mortal de necesidad, aunque siempre inquietaba: “El perro de tu padre me mira mal” o “La locura lo cura” (libro de Guillermo Borja).

El catálogo de enfermedades incluía metátesis ilustres (“cocretas”, “celebros”), prótesis, sístoles y diástoles. Pero solo una era capaz de pararte el corazón: un pleonasmo mal curado.

A la definición académica del pleonasmo le pasa lo mismo que a la aseveración de que en el equilibrio está la virtud. Suena razonable y a todos nos gustaría creérnoslo, pero en el fondo sabemos que es mentira.

Dice así:

Pleonasmo: emplear una o más palabras que son innecesarias para darle sentido completo a la frase.

Esto es:

democracia popular

planes de futuro

cállate la boca

La definición oficial es mentira porque, en realidad, los pleonasmos se cocinan con palabras de sentido caducado. Palabras que se caen a trozos, que necesitan más sal y más aceite para tragárnoslas sin notar el regusto a rancio. Si pretendemos servirlas en el brunch post-apocalíptico, hay que espolvorearlas con redundancia.

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Democracia popular participativa, planes de futuro prospectivos, cállate la boca y no hables.

Así fue cómo, aditivo tras aditivo, escalé por la EGB hasta coronarla. Subrayé y subrayé hasta que todo fue amarillo fosforito. Renuncié al equilibrio y a la virtud para abrazar el rococó azucarado.

Hoy, 25 años después, las grasas saturadas de los pleonasmos fatales obstruyen mis arterias.

Comunicación interpersonal interactiva y me vienen las palpitaciones.

Supuesto hipotético experimental y algo sale mal.

Colofón final. Definitivo.

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Miguel Calzada

La tecnología es lenta (y los millennials más)

La oda es un género lírico indigesto por definición. Esto no tiene por qué ser un defecto, también le pasa al guacamole. La poesía pesada tiene hueco en la mesa siempre que  el aguacate esté en su punto. De lo contrario, uno se traga las paridas de cualquier bardo.

Con los llamados millennials hace tiempo que la alabanza se nos fue de las manos. De ellos se dice que son nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, creativos, apasionados, críticos, exigentes… Que prefieren compartir a poseer. Que están muy comprometidos socialmente. Que valoran por encima de todo la ética y la transparencia. En suma, mala gente.

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Día tras día, los medios se llenan de presuntos reportajes que describen a los millennials como una generación mesiánica. En realidad es de cajón: los nacidos entre 1977 y 2000 (ahora entre los 16 y 39 años) van a ir acaparando el poder adquisitivo. Será más por incomparecencia del resto de cohortes (pensionistas o estudiantes) que por méritos propios. No hace falta un estudio de Deloitte para saber que el grueso de los consumidores serán millennials, que todos los países serán gobernados por millennials y que casi todo lo bueno que ocurra en las próximas décadas será gracias a los millennials.

Lo que nunca se dice es que el ISIS también es muy millennial. Nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, apasionados, críticos, exigentes, con gran afición a los móviles y los vídeos virales.

¿Cuál es el sentido de esta insistencia en recordarnos que los más jóvenes irán sustituyendo a los más viejos? ¿Por qué repetir tantas veces que no entienden el mundo igual que sus padres? ¿De verdad es necesario desayunarse cada mañana con tres artículos sobre los superpoderes de esta generación de generaciones?

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La sustancia de esta espuma es la siguiente: nos ha tocado vivir la Cuarta Revolución Industrial con todos sus dramas. Es de cajón que el mundo no volverá a ser lo que era antes de Internet. Eso es lo que nos ha cambiado a todos, sin importar la edad, pero como nuestros estómagos son de digestión lenta aún estamos asimilándolo.

Los medios de comunicación son rápidos y no pueden tirarse décadas publicando que la gran novedad es Internet. Pero el ingrediente clave de la receta sigue siendo ese, por más que con el paso de los años se haya aderezado con smartphones, redes sociales… y lo que está por venir (robótica e inteligencia artificial, esta vez en serio).

Nuestras ganas de fabular nuevas revoluciones superan con mucho la velocidad real de la tecnología. Por eso existe la ciencia-ficción. Si una cosa ha quedado demostrada en los últimos veinte años es que cuando la tecnología pisa el acelerador, nuestra imaginación se pone en modo turbo. Esas son las buenas noticias.

Las malas se esconden detrás de la trampa del mundo nuevo. Hay que valorar la siguiente teoría: las “noticias” sobre las fabulosas cualidades de los millennials no van dirigidas hacia los mayores sino hacia los millennials mismos. A todo el mundo le gusta leer que forma parte de algo estupendo y si les repetimos cien veces por semana que no recuerdan cómo era el mundo antes de los móviles… acabará siendo cierto.

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El peligro de toda esta intoxicación estético-informativa es que la mayoría de la poblacion mundial llegue a considerar que la ignorancia es deseable. Hay mucho de esnobismo en el desprecio indisimulado hacia lo que era una cinta VHS o a cómo se citaba la gente cuando no existían los teléfonos. Yo nunca he vivido en un mundo sin penicilina, pero me lo han contado y no lo olvidaré.

Así se explica la simpatía que despiertan los movimientos nostálgicos, por patéticos que sean. Escuchar vinilos, cámaras con un carrete que hay que revelar, el regreso del Super 8… A este paso, cualquier día empezaremos a interesarnos por cómo funciona la realidad.

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Miguel Calzada

El previsible futuro de las redes sociales

REDLas llaman “redes sociales” cuando quieren decir webs/apps en las que el contenido lo crean los propios usuarios, sin cobrar por ello y relacionándose de igual a igual.

Basta esta improvisada definición para entender por qué han puesto en jaque a los contenidos digitales de pago y a toda “autoridad editorial” (una sola celebrity de tres al cuarto tiene más audiencia que varias instituciones venerables).

Basta esta improvisada definición para comprender por qué son un gran negocio. 

Siempre andan vendiéndonos estadísticas falseadas y la no menos falsa sensación de que son el último grito. Cuando se disipa el humo del hype, lo que queda es esto:

Las que sobrevivirán

zuckFacebook: está de moda hablar de su decadencia, pero las pocas cifras fiables dicen lo contrario. Más de 1.000 millones de personas la usan, lo que la convierte en LA RED SOCIAL por excelencia.

La fórmula para saber si una red tiene éxito es una doble pregunta: 1) ¿conoces personalmente a gente que la usa? 2) ¿sale en las noticias por cosas que pasan dentro de ella (y no por mero autobombo)?

Con Facebook las respuestas son tan afirmativas que hay que ser muy lerdo para creerse eso de que en un par de años habrá pasado a la historia.

Tanta palabrería no surte efecto en los resultados objetivos pero sí en las percepciones: Facebook ya no es cool y los gurús (muchos a sueldo de Google) hablan de ella con desprecio.

twitterbirdTwitter: a su comunidad se le supone un nivel intelectual superior al de Facebook. Sí, así de crudo, como suena: son menos pero más listos.

Esta percepción (sin ningún dato detrás) es discutible pero va auto-confirmándose. Los departamentos de Marketing usan Facebook para las promociones más groseras y Twitter para el delicado trabajo de “crear marca” y “generar notoriedad”.

Así que mientras Facebook se hace popular, Twitter se refina para ser un nicho de “influencers”.

La gran paradoja de Twitter es que no sería nada sin los medios de comunicación, que hablan sin cesar de trending topics y generan noticias a partir de broncas tuiteras entre políticos o famosos. Los medios creen que así canibalizan Twitter, consiguiendo contenidos facilones que arrastran audiencia.

La realidad es la inversa: Twitter se está comiendo a los medios.

youtubeYouTube: es la tele de Internet y a veces nos olvidamos de que también es una red social. Cualquiera puede subir un vídeo (o verlo, o comentarlo) y no hay más autoridad que la que te proporciona el éxito.

Su publicidad es la más intrusiva de todas (hasta que no te tragas el anuncio, no ves el vídeo), pero precisamente por eso genera tanta pasta: 8.000 euros por cada minuto de vídeo. En el horizonte no hay nada que pueda inquietar su reinado.

Ahí fuera la tele sigue siendo la tele. Y aquí dentro YouTube manda más que nadie.

LinkedIn: es la jobmás falsa porque va sobrada de postureo y resulta frustrantemente estática. La mayoría de la gente se dedica a colgar su currículum y poco más.

Aun así, es el lugar en el que hay que estar si estás buscando trabajo o intentando quedar bien con el jefe (¿acaso hay alguien que no esté haciendo una de las dos cosas?).

A esta incómoda sensación de obligatoriedad suma un toque de distinción. Si en Infojobs encuentras cientos de ofertas a diario (la mayoría malas o muy malas), en LinkedIn hay pocas pero más decentes.

Todo es más ficción que realidad, pero la fórmula funciona y su futuro está garantizado.

hateLos foros: estaban antes que ninguna y seguirán aquí cuando todas las demás hayan desaparecido.

El verdadero significado de Internet siempre ha estado en los caóticos foros. Más allá de su indiscutible poética (el avatar misterioso, el hilo abandonado que de repente resucita, las estrellitas de nivel por ser un asiduo, el único lugar del universo en el que encuentras a alguien a quien le ha pasado exactamente lo mismo que a ti), tienen cifras para callar cualquier boca.

En España hay un ejemplo perfecto de su poder: Forocoches, capaces de entrar en masa en la encuesta online del Telegraph para que saliese que Gibraltar era español. EnFemenino es otro fenómeno digno de estudio. A nivel planetario, 4chan es la lógica evolución de los foros hacia las imágenes.

Las que desaparecerán

g-Google+: pese a pertenecer al Gran Hermano y gozar de todo su apoyo, no cuaja (ni cuajará).

La fórmula de la doble pregunta resulta especialmente cruel con ella: 1) ¿conoces a alguien que la usa a diario? 2) ¿sale en las noticias sin que nadie pague por ello? Ejem, ejem…

Numerosos gurús a sueldo de Google siguen predicando sus bondades y cada poco tiempo se publican números increíbles que dicen que es la segunda red más grande solo por detrás de Facebook.

La gente les hace tan poco caso que ni tan siquiera hay motivo para escandalizarse. Ya descansa en paz.

bloggerLos blogs: en realidad ya han desaparecido, pero nadie se ha dado cuenta. La legendaria frontera entre webs y blogs no existe (simplemente porque no hay web que no aspire a todas las cosas bonitas que se dicen de los blogs).

En la mayoría de casos es imposible saber lo que estamos mirando. La teoría dice que un blog es amateur y precario, mientras que una web es profesional y estable. Chorradas.

Por desgracia mucha gente se las cree y resulta habitual encontrar empresas con una web infumable en la que ponen la información corporativa que ni ellos mismos se leen y un blog forzadísimo que rellenan con los fatuos editoriales del iluminado de turno.

Pero tal y como están las cosas, las webs mejor valoradas son dinámicas, minimalistas y muy visuales… es decir, Tumblr.

vendidoTuenti: paulatinamente abandonados por sus fans adolescentes (gremiales y promiscuos por definición), ellos mismos decidieron dejarse de historias y marcharse allí donde está la pasta. Chicos listos.

Ahora son un operador móvil… y vivieron felices y se comieron algunas de las perdices de Telefónica.

Ello: tuvieron sus quince minutos de gloria promocionándose como el gueto chic al que emigrar cuando estás cansado de Facebook. Sin publicidad, con tu privacidad blindada… En fin, ha pasado tantas veces que creérselo requiere demasiada fe.

Se extinguirán pronto… ay, no, espera, ya se han extinguido.

Quitter: lo mismo que Ello pero respecto a Twitter. Pura tontería.

Las incógnitas

foursquareFoursquare: fueron y son la red social de la geolocalización, pero las cosas se les han complicado desde que el resto de redes incluyen GPS entre sus extras. Su impacto indiscutible en Estados Unidos encuentra demasiados interrogantes en Europa… y en España, donde solo una reducida panda de obsesivo/compulsivos se dedica a hacer check-in en bares, cafeterías y restaurantes.

Al final se han convertido en una app de tips y críticas sobre lugares de ocio (una especie de TripAdvisor más allá de los hoteles). Sufren la maldición de tener un enorme potencial que nunca llega a realizarse del todo, pero este sanbenito lo comparten también con el resto de redes.

Yo diría que a la larga desaparecen: ya sea poco a poco (debido a nuevas funcionalidades de Facebook y Twitter), ya sea del tirón (comprados a golpe de talonario).

vineVine: hay que aplaudir su originalidad en este sector tan poco original. Compartir vídeos de 6 segundos que echan mano del truquito de los frames. Genial, pero… ¿llegará esto a ser un deporte de masas? Seguramente no.

Con la “tranquilidad” de ser de Twitter y tener una élite de usuarios que disfrutan siendo poquitos y graciosos, pervivirán como objeto de culto… exactamente lo que son ahora.

pinterestPinterest: la red social de las amas de casa estadounidenses (recetas, bolsos, bebés… y más recetas) es a menudo ridiculizada, pero sería un error subestimar a este invento que, sin hacer tanto ruido, hace ganar mucho dinerito a las marcas.

No molesta y será cada vez más rentable.

Instagram: un Pinterest que se ha hecho fuerte en los móviles a base de insistir en que es solo para aquellos “a los que les gusta la fotografía”. Es decir: todo el que tenga algo de amor propio.

Pese a ser más inútil de lo que parece, ha seducido a tantos esnobs que será difícil acabar con ella.

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Miguel Calzada

El sistema está roto, el dinero nos maneja

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El título suena a telegrama del fin del mundo pero es lo que dice Carmen Bermejo, la mente al frente de Tetuán Valley (el modestísimo Silicon Valley que intenta brotar en el distrito madrileño de Tetuán).

A su nombre puedes unir vocablos como emprendedor, start-up y otras entelequias, pero no hay sitio para la codicia. No son santos ni eremitas, solo gente que se afixia porque viven “atrapados en algo que ya no funciona“. Si colean, es que aún respiran. STOP.

Las mejores ideas se encuentran en el último lugar en que se busca. En Madrid el distrito obrero de Tetuán ha visto nacer una escuela para emprendedores que no cobra a sus alumnos. Un Silicon Valley castizo en el que el dinero no es lo más importante.   

Se llama Carmen Bermejo (Madrid, 1980) y habla deprisa. Titubea poco y sonríe bastante. De apariencia tímida, conoce a la perfección un mundillo de pequeños genios que están dispuestos a arriesgarlo todo por una idea. Esta desarrolladora de software es la CEO de Tetuán Valley, una incubadora para mentes inquietas. Dice que se asfixia si se siente atada a un trabajo y que no está en esto por la pasta. No va a quedarse mucho por aquí y hay que prestar atención porque sonríe bastante pero habla deprisa.

¿Qué es Tetuán Valley? 

Una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a los emprendedores de base tecnológica. Una gran familia. Nuestros alumnos acaban fundando start-ups o siendo contratados por una.

¿Qué es una start-up?

Un proyecto escalable e innovador. Escalable significa que si tienes mil clientes y de repente subes a un millón, el esfuerzo que vas a tener que hacer no es proporcional. En una start-up el reto es definir la idea y el producto. Una vez que lo consigues, el modelo está hecho.

Se te olvida decir que están muy, muy moda.

Hay mucha confusión: ni todos los emprendedores tienen una start-up ni todas las empresas que están empezando son una start-up. Si vendes algo que vas a tener que hacer tú, entonces no es escalable y no es una start-up. Porque si pasas de mil clientes a un millón deberás multiplicar por mil tu esfuerzo.

¿Tetuán Valley es como un máster pero sin pagar?

Es totalmente gratis pero hay una selección. En la última promoción se presentaron 66 equipos (cada equipo tiene de 1 a 4 emprendedores) y elegimos solo a 11.

¿Cuánto dura?

Seis intensas semanas. Clase presencial los miércoles de siete de la tarde a doce de la noche. El resto son los deberes: preparar el pitch, el business model canvas, entrevistas de usuarios, diseñar el proyecto, Excel con métricas básicas…

¿En 6 semanas forman emprendedores?

No, no, a ver… Nuestro programa es muy interesante, pero lo que realmente ofrecemos es comunidad. Somos una puerta de entrada para conocer gente que piensa de una determinada manera.

¿Solo en Madrid?

Desde hace tiempo en Madrid pero ahora vamos a hacerlo también en Barcelona y quizás en Tenerife. La próxima promoción tiene hasta el 23 de marzo para apuntarse.

Si es gratis, ¿de qué viven?

Solo somos 3 personas a tiempo completo. Hay antiguos alumnos que nos ayudan sin cobrar. Y tenemos un patrocinador que vende un software para start-ups: nosotros hablamos de ellos, ponemos su logo por todas partes…

Se me cae un mito. Yo creía que esto de las start-ups era para forrarse.

Tengo amigos que han hecho voto de pobreza y dicen que el dinero es malo. No lo hacemos por la pasta

¿Por qué lo hacen?

Porque nos gusta estar rodeados de gente que piensa diferente.

Repite eso de que el dinero es malo.

Algunos solo quieren ganar mucho, pero también hay quien quiere cambiar el mundo. Estamos obsesionados, pero la realidad es que el dinero es solo una herramienta. El sistema en que vivimos está roto y el dinero nos maneja. Vivimos atrapados en algo que ya no funciona.

Entonces, ¿los antiguos alumnos de Tetuán Valley no se han forrado?

Ninguno se ha hecho super rico, pero algunos han recibido buenas inversiones, como Voz.io, que te permite montar un call-center online. Más allá del dinero, le tengo cariño a los luchadores, como los chicos de RiderState, un juego para amantes de la bicicleta a medio camino entre Foursquare y Endomondo.

¿Con qué ideas trabajan?

A día de hoy la mayor parte son aplicaciones para el móvil y aplicaciones web.

Ponme un ejemplo de start-up que no tenga nada que ver con la tecnología.

Esta cafetería en la que estamos, este Starbucks. Cuando empezó, Starbucks era una start-up. Es un modelo escalable y repetible. Vender algo porque has tenido suerte no es repetible. Si consigues ventas repetibles tienes una idea validada. Starbucks es un copia-pega que ha revolucionado su sector a base de innovación.

Viveros y aceleradoras son otros dos palabros de este mundillo…

Un vivero es un sitio que ofrece oficinas gratis o baratas para start-ups. Una aceleradora es una plataforma que selecciona start-ups para ofrecerlas a su cartera de inversores. Tetuán Valley es una pre-aceleradora: trabajamos con ideas que aún no son una start-up.

¿De verdad crees que todo esto tiene futuro en España?

Tenemos un grave problema de mentalidad: somos una de las culturas con más miedo a hacer al ridículo y en el colegio te enseñan a ser así. Un emprendedor no es alguien que se queda callado cogiendo apuntes y obedeciendo. Además en España todo es complicado, con demasiado papeleo y un mercado muy pequeño.

Así que también en esto somos el patito feo de Europa.

Para nada. Ahora mismo estamos de moda. Está habiendo un boom de innovación en Madrid y Barcelona. Start-ups, emprendedores, aceleradoras, eventos… Lo que nos falta es inversión y atrevimiento. Hay que soñar más grande. Hay que arriesgarse.

¿Qué es lo más difícil para un emprendedor novato?

Comprender quiénes pueden ser sus clientes.

El emprendedor novato está escuchando. ¿Cuáles son las 3 cosas que no debe hacer?

Primero: no te encierres en casa con tu idea maravillosa. Tienes que salir y hablar con tus potenciales clientes. No tengas miedo a contar tu idea.

Segundo: tienes que aprender de qué va la cosa. Vete a unas cuantas charlas y eventos, lee algunos libros, intenta que te contraten en una start-up para ir aprendiendo…

Tercero: investiga a la competencia. Si piensas que solo a ti se te ha ocurrido eso… piénsalo otra vez y mira bien: seguro que hay competencia.

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Miguel Calzada

Una rebelión, muchas paradojas: la doble entrevista a Mr. Trazo

Una entrevista es una trampa. No todo lo que ocurrió en realidad acaba en el texto. Nadie contesta de una manera tan contundente. Nadie pregunta sin circunloquios. Las piezas no encajan.

Una entrevista es mentira en la misma medida en que lo es el cine. En un rodaje quedas decepcionado por el caos y el tedio, las repeticiones, la extrema fealdad de lo que no entra en el campo de la cámara…

Es el montaje, la post-producción, lo que determina el resultado. El problema es que raramente podemos ver una película con dos montajes totalmente diferentes.

Marío Rodríguez, o el artista urbano (cuidadito con llamarle grafitero) que se hace llamar Mr. Trazo, es interesante por lo que hace y por lo que es. También por lo que dice. Y mi problema es hacer algo con lo que él dice.

He hablado con él una sola vez (aunque amplia y reposadamente) y de ahí han salido dos entrevistas totalmente diferentes. Aunque parezca mentira, todo ocurrió la misma tarde, en el mismo bar y con los mismos participantes. Aunque parezca una trampa, es una vía de fuga.

Aquí está la entrevista extensa y paradójica a Mr. Trazo para la web de Nicola Mariani:
“La decadencia de los helados”.

Y a continuación, la entrevista breve y directa:

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El niño nacido como Mario Rodríguez (Ciudad Real, 1987) es ahora un hombre de mirada infantil que se hace llamar Mr. Trazo y vive en Cuenca. Un grafitero rural al que no le gusta el rap y que se crió en Brazatortas, un pueblo de apenas mil almas.

Como a todo buen artista, le sobran ideas y le falta dinero. Ha colocado su trabajo en galerías de primera línea y también ha sufrido la indiferencia del público. Hizo florecer un auténtico festival de arte urbano y música electrónica ni más ni menos que en Cuenca, una aventura que ahora se marchita por falta de financiación. Ha ganado y perdido concursos . Ha vendido obras, pero nunca se ha vendido.

Le encontramos en una terraza de Chueca (Madrid), el barrio gentrificado en el que los grafiteros se alquilan por horas para decorar las rejas de bares y fruterías.

Rebobinemos 11 años. Tienes 15. Amanece en Brazatortas (Ciudad Real). El minúsculo pueblo está plagado de grafitis. Los paisanos contemplan esas pintadas y no las comprenden.

Eso era grafiti puro. Salir por la noche y firmar en las cocheras, en los muros, en todo lo que se te pone por medio. Eres un crío y tienes que llamar la atención. La primera vez se armó una buena. Nadie sospechaba de mí. Yo era el niño bueno que no destacaba en nada, el típico chico tímido.

¿Te pillaron?

Nunca. Jamás me han multado por pintar en la calle. Con el tiempo dejé de salir por la noche y empecé a pintar a plena luz del día. Me ve la gente, también la Guardia Civil.

¿Cómo descubriste que era posible salir por la noche y pintar así en las cocheras, en los muros…?

Mi padre era trashumante. Íbamos a Segovia en camiones y al rodear Madrid por las autovías veíamos muchos grafitis. También estaba mi tía, que vivía en Leganés. Nos dejaban con ella para que nos llevase al Prado y al Reina Sofía, pero a mí lo que me llamaba la atención eran las pintadas de su barrio.

Y sin embargo ahora reniegas de la etiqueta de grafitero y te presentas bajo la de artista urbano.

Para mí el grafiti es solo poner tu nombre. Por muy bonita que la pongas no puede ser más que tu firma. Ahora hago otras cosas más elaboradas.

Más subversivas. En “Spanish God” dibujaste un dios bicéfalo (Rajoy más Zapatero) que trastea con las casas como si fuesen juguetes de Lego. Obras que luego aparecen en la calle, en medio de un sembrado, en cualquier sitio…

Pero no es casual. Si veo un espacio que considero adecuado para una obra, intento conseguirlo. O me apropio de él. Me gusta plantar obras en un entorno rural, junto a un árbol, bajo un puente… Aunque lo vea menos gente, la obra me lo pide.

Y no solo en medio del campo. Ahora mismo expones en una prestigiosa galería londinense. ¿Cómo lo lleva tu ego?

Son detalles que te animan a seguir.

No tienes ego de rapero.

No hay que vincular el rap con el arte de la calle. Yo soy más de música electrónica. A mí el rap que se hace en España no me llena. Hay gente interesante, como Kase O con Jazz Magnetism, pero en general es vulgaridad al máximo. Y bastante vulgaridad tenemos ya por todos los lados.

¿Consigue vivir de su arte uno de los artistas con más proyección de toda España?

Solo en parte. Mi obra me da algo de dinero y lo compagino con mi trabajo como diseñador freelance. Diseño web, decoración de tiendas… Pero no estoy registrado como autónomo. No me sale a cuenta. Tal como está la cosa, los encargos que puedo tener son totalmente imprevisibles.

El sistema te anima a que emprendas, a que arriesgues con tus ideas. ¿Qué respondes al sistema?

Que llevo casi dos años intentando montar una promotora de arte urbano. Se habla mucho de emprendimiento, pero detrás de todo eso no hay nada. No hay dinero.

Se te nota frustrado. Ha naufragado tu idea de celebrar, como el año pasado, un encuentro de artistas en Cuenca.

Una iniciativa buena y barata. Un intercambio de ideas, con talleres y trabajo colaborativo. Nutrirnos unos de otros para saber qué piensa cada uno. No solo pintar sino también reflexionar. El año pasado lo financió la Universidad de Castilla La Mancha y una empresa privada. Este año nadie pone un duro. Como mucho nos ceden un edificio, pero hay que comprar algo de material para poder pintar, hay que darle algo de visibilidad al evento… Igual se puede hacer con mil euros, pero ¿quién pone los mil euros?

¿España no es país para emprendedores?

En el arte es complicado. En mi caso tengo muchísima mejor acogida en Londres, en Latinoamérica… Aquí los circuitos son muy cerrados. Las galerías las llevan colectivos que promueven su propio trabajo y se apoyan solo entre ellos. Las ves desde fuera y parecen galerías en las que puede exponer cualquiera, pero no es así. Aunque en la calle consigas un reconocimiento muy grande… en las galerías lo que funciona es otra cosa.

En “Amancio Says You’re Here” la tomas con Amancio Ortega, el gran magnate textil.

La calle es el mejor soporte que tenemos para reivindicar. Es nuestro espacio. En el caso de Amancio no me quedó otro remedio. Había organizado un festival de arte urbano para que los chavales pintasen. Queríamos hacerlo en la calle pero no nos dejaron. Nos obligaron a meternos dentro de un centro comercial. Ya no estábamos en nuestro espacio, estábamos en el espacio de Amancio. “Amancio says you’re here” se instaló delante del Zara con un mapa en el que Amancio Ortega te ponía en tu sitio: “Usted está aquí”, colocándote donde tienes que estar, en sus tiendas y comprando sus productos.

¿Cómo reaccionó el público?

No hubo reacción. La gente entraba a comprar y no se paraba a mirarnos. Iban a lo suyo. Desarmaron nuestro evento porque nos metieron en su envoltorio. Mi proyecto de arte urbano lo metieron dentro de su proyecto de centro comercial. Nos la jugaron. Por eso es tan importante que el arte urbano esté en la calle.

Pero cada vez se ve menos arte urbano por la calle y más en los museos, en las galerías… incluso en el cine. Me veo obligado a preguntarte por Bansky, el grafitero más famoso del mundo, con un documental que fue candidato al Oscar.

Eso es otra historia. Bansky no es ni grafiti ni arte urbano. Bansky es una institución, un organismo internacional, algo así. Ni siquiera creo que sea una persona física.

¿Se innova en el mundo del grafiti?

Lo que hay son tendencias. Si ayer era la moda de meter brillos a la letra, hoy es la moda de las firmas abstractas. Pero así no se llega a nada realmente nuevo. El mayor cambio no está en el grafiti sino en el arte urbano, donde se ha dado entrada a la gente del arte en general, sin preguntarles antes si son grafiteros o raperos. Se ha abierto el círculo. Eso es innovación.

Varios ayuntamientos plantean grafitódromos, lugares apartados en los que alzar muros para concentrar allí a todos los grafiteros y que así no ensucien la ciudad.

No van a conseguir nada con eso. Si me pones una pared y me dices que tengo que hacerlo ahí… Eso ya no es ni grafiti ni arte urbano. En todo caso será arte institucional. O decoración comercial.

Se te sigue notando algo tímido. Sinceramente: ¿no te entran ganas de salir una de estas noches y volver a firmar todo lo que se te ponga por medio?

Claro que sí. Hay veces que estoy de mala hostia y me apetece usar el espray. Pero no en casas ni en cocheras ni en tapias. Me entran ganas de hacerlo en las sucursales de los bancos.

¿Y por qué no lo haces?

Porque mi arte es un arma mejor.

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