Miguel Calzada

¿Por qué lo llaman contenidos cuando no saben lo que dicen?

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El término medio existe. Me lo han contado. Está ahí, por alguna parte, donde habitan las personas mesuradas.

Por ejemplo, el término medio frente a la respuesta “¿en qué trabajas?”.

El terreno de la sensatez entre el ramplón “trabajo en Internet” y el pedante “concibo experiencias digitales integrales que colmen las necesidades del usuario“.

Lo llaman “contenido“. La palabra tiene varias acepciones según la RAE, pero estas son las dos más importantes:

  1. Que se conduce con moderación o templanza
  2. Cosa que se contiene dentro de otra

portablepaellamealsinjar_0_mainObviando la primera acepción (que sí, que seguro que existen las posiciones de centro), la segunda nos lleva de cabeza hacia lo que se esconde tras el uso intensivo de la palabra “contenidos”. Es decir, el continente.

Entre la gente que trabaja en Internet (ese no-lugar de personas desmesuradas), es frecuente escuchar frases como esta:

“Ya está todo hecho, solo faltan los contenidos”.

Traducido: el continente está preparado para recibir contenidos que le doten de sentido. Hablando en plata: la página web funciona pero está vacía. Por favor poned algo que no sea Lorem ipsum dolor sit amet (y aun así, son infinitos los casos de webs lorem-ipsum que, sin saberlo, rinden homenaje a Cicerón).

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Frente al mito de la hipertextualidad perfecta, lo que tenemos en realidad es una red de redes vacía, sin apenas peces que llevarnos a la boca, con una serie de recipientes construidos independientemente de los contenidos, como si lo que va dentro fuese lo de menos. ¿Qué fue primero, el vino o la jarra? En algún sitio se oculta la cordura, seguro.

Una maraña esquizoide que sería incomprensible de no ser por el buscador de Google, auténtica puerta de acceso y llave para los significados, pese a quien pese y por muy ciertas que sean las numerosas teorías de la conspiración.

Llenemos pues de significado esa Internet de la que todos hablan, esos 1.220 millones de webs (y subiendo).

Hay otras tantas maneras de hacerlo, y probablemente exista un término medio entre los anuncios de alarga-tu-pene y el Nobel de la Paz que se reclama para Mark Zuckerberg o para Julian Assange según el pie del que cojees (al primero le invitan al Foro de Davos y el segundo está en busca y captura, que cada cual se posicione).

jehovaEn el nivel más bajo de la sutileza están los espacios publicitarios estáticos, llamados “banners” porque significa estandarte militar en inglés y pretenden avasallar a los compradores. Están los publirreportajes, que recuerdan a las azafatas con bandejitas de queso en el pasillo del supermercado. Las FAQs o preguntas frecuentes, que pueden llegar a ser un brillante catecismo. Las gamificaciones, con un tufillo a Testigos de Jehová que te entregan un folleto con una pregunta (“¿Quieres sobrevivir tras el fin del mundo?“) y una doble opción de respuesta (Sí, quiero / No, prefiero perecer) y contestes lo que contestes te marchas con una Biblia bajo el brazo.

Están las infografías y los vídeos y los foros… pero hemos vuelto a caer en la trampa y estamos hablando otra vez de continentes en lugar de contenidos.

¿Qué quieren decir cuando dicen contenidos? No lo saben ni ellos. Puede ser todo y nada. En puridad, el anuncio de alarga-tu-pene es un contenido tan respetable como el que más, con una línea editorial que no necesariamente debe ser pésima. Qué demonios, una carta nigeriana podría intentar emular a “Las amistades peligrosas” y los youtubers imitar más a Godard que a Anne Igartiburu.

Y después (o antes, según se mire) está el periodismo. Lo que ha quedado del periodismo debería llenar buena parte de ese Internet vacuo que está tomando el control de nuestras vidas. Nos han contado que existen pestes como “la agonía del papel” o “la cultura del todo gratis”, pero nada de esto es el problema y lo sabemos. La realidad es más prosaica, es la crisis de la publicidad.

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Tanto tiempo dando la matraca con los anuncios (por la tele, por la radio, por los banners) provoca que aprendamos a ignorar cada vez mejor. El anunciante insiste porque, hey, si lanzo un millón de anzuelos al menos uno picará. Con esa ratio no hay más remedio que dedicar muy poco tiempo y esfuerzo a hacer los banners y a redactar las cartas nigerianas. ¿Alguien alguna vez se ha alargado el pene debido a un anuncio? No importa. Con uno al año que acepte ya está amortizado todo el negocio.

Y si al periodismo le fallan los anuncios, ¿quién paga los salarios? Existe la posibilidad de la autogestión (micropagos, suscriptores), que por definición acaba siempre limitada a pequeños ámbitos, nichos exquisitos. Existe la posibilidad de la revolución (que las telecos compartan la tarta: Internet no es gratis porque ellos cobran el acceso), que por definición ha quedado pospuesta para pasado mañana.

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Alguien tiene que pagar por los contenidos, y si no lo va a hacer el que los consume tendrá que ser el anunciante de turno o un improbable filántropo. Si te sale gratis, es que ya te han vendido algo. ¿Es esto necesariamente malo? Depende de lo que te vendan.

El buen juicio aconseja ir hacia ese término medio que seguro que existe, sin duda, me lo han jurado. Pero yo solo veo o muy poco tiempo y mucho banner obsceno, o un río de dinero que entra por otras vías y permite tener paciencia para ser sutiles.

Y aquí es donde no podemos permitirnos seguir siendo tan ingenuos. ¿Estamos dispuestos a aceptar esa sofisticación que, sin duda, va a llegar? Vendrá acompañada de un aumento de la calidad media… aunque esto funciona un poco como las estrellas Michelin, te dan un par y ya está, ya eres excelente, sin que los espectadores hambrientos consigan apreciar la tramoya.

Los anuncios serán cada vez mejores porque desaparecerán. Serán historias, novelas, series de televisión, reportajes en los periódicos. No te venderán nada pero te inocularán ideas, lo están haciendo ya. Detrás no hay una tremenda teoría de la conspiración, sino profesionales de lo suyo (¿y tú en qué trabajas?) a los que hay que pagar un salario.

Podrán venderte una posición política o espinacas (es lo que hacía “Popeye“, unos dibujos animados excelentes pagados por la asociación estadounidense de horticultores). Podrán venderte un estilo de vida (la guerra fría la ganó Hollywood) y, si lo hacen bien, no te van a avasallar. Te van a convencer. Podrán incluso olvidarse ellos mismos de lo que están vendiendo (¿cuántos neumáticos se venden gracias a la Guía Michelin?).

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Debe haber un término medio, eso dicen. Un punto de equilibrio entre la tecnofilia exacerbada de Steve Jobs (oh Capital, ven y hazme tuya) y el lamento del amargado que finge descubrir ahora la existencia del dinero y sus tentáculos.

Sursum corda, queridos conspiranoicos. Sí, es cierto, existen grandes corporaciones que manejan el destino. Yo no me lo creo, pero dicen que hay una tercera vía entre Wall Street y las cuevas de Tora Bora. Dicen que el futuro puede ser brillante… ¿o cegador?

Frente al mito de que la tecnología es muy rápida, la realidad es que acabamos de darnos cuenta de que Internet está vacío. Hay que llenarlo. Hay trabajo.

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Miguel Calzada

La tecnología es lenta (y los millennials más)

La oda es un género lírico indigesto por definición. Esto no tiene por qué ser un defecto, también le pasa al guacamole. La poesía pesada tiene hueco en la mesa siempre que  el aguacate esté en su punto. De lo contrario, uno se traga las paridas de cualquier bardo.

Con los llamados millennials hace tiempo que la alabanza se nos fue de las manos. De ellos se dice que son nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, creativos, apasionados, críticos, exigentes… Que prefieren compartir a poseer. Que están muy comprometidos socialmente. Que valoran por encima de todo la ética y la transparencia. En suma, mala gente.

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Día tras día, los medios se llenan de presuntos reportajes que describen a los millennials como una generación mesiánica. En realidad es de cajón: los nacidos entre 1977 y 2000 (ahora entre los 16 y 39 años) van a ir acaparando el poder adquisitivo. Será más por incomparecencia del resto de cohortes (pensionistas o estudiantes) que por méritos propios. No hace falta un estudio de Deloitte para saber que el grueso de los consumidores serán millennials, que todos los países serán gobernados por millennials y que casi todo lo bueno que ocurra en las próximas décadas será gracias a los millennials.

Lo que nunca se dice es que el ISIS también es muy millennial. Nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, apasionados, críticos, exigentes, con gran afición a los móviles y los vídeos virales.

¿Cuál es el sentido de esta insistencia en recordarnos que los más jóvenes irán sustituyendo a los más viejos? ¿Por qué repetir tantas veces que no entienden el mundo igual que sus padres? ¿De verdad es necesario desayunarse cada mañana con tres artículos sobre los superpoderes de esta generación de generaciones?

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La sustancia de esta espuma es la siguiente: nos ha tocado vivir la Cuarta Revolución Industrial con todos sus dramas. Es de cajón que el mundo no volverá a ser lo que era antes de Internet. Eso es lo que nos ha cambiado a todos, sin importar la edad, pero como nuestros estómagos son de digestión lenta aún estamos asimilándolo.

Los medios de comunicación son rápidos y no pueden tirarse décadas publicando que la gran novedad es Internet. Pero el ingrediente clave de la receta sigue siendo ese, por más que con el paso de los años se haya aderezado con smartphones, redes sociales… y lo que está por venir (robótica e inteligencia artificial, esta vez en serio).

Nuestras ganas de fabular nuevas revoluciones superan con mucho la velocidad real de la tecnología. Por eso existe la ciencia-ficción. Si una cosa ha quedado demostrada en los últimos veinte años es que cuando la tecnología pisa el acelerador, nuestra imaginación se pone en modo turbo. Esas son las buenas noticias.

Las malas se esconden detrás de la trampa del mundo nuevo. Hay que valorar la siguiente teoría: las “noticias” sobre las fabulosas cualidades de los millennials no van dirigidas hacia los mayores sino hacia los millennials mismos. A todo el mundo le gusta leer que forma parte de algo estupendo y si les repetimos cien veces por semana que no recuerdan cómo era el mundo antes de los móviles… acabará siendo cierto.

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El peligro de toda esta intoxicación estético-informativa es que la mayoría de la poblacion mundial llegue a considerar que la ignorancia es deseable. Hay mucho de esnobismo en el desprecio indisimulado hacia lo que era una cinta VHS o a cómo se citaba la gente cuando no existían los teléfonos. Yo nunca he vivido en un mundo sin penicilina, pero me lo han contado y no lo olvidaré.

Así se explica la simpatía que despiertan los movimientos nostálgicos, por patéticos que sean. Escuchar vinilos, cámaras con un carrete que hay que revelar, el regreso del Super 8… A este paso, cualquier día empezaremos a interesarnos por cómo funciona la realidad.

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Miguel Calzada

El sistema está roto, el dinero nos maneja

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El título suena a telegrama del fin del mundo pero es lo que dice Carmen Bermejo, la mente al frente de Tetuán Valley (el modestísimo Silicon Valley que intenta brotar en el distrito madrileño de Tetuán).

A su nombre puedes unir vocablos como emprendedor, start-up y otras entelequias, pero no hay sitio para la codicia. No son santos ni eremitas, solo gente que se afixia porque viven “atrapados en algo que ya no funciona“. Si colean, es que aún respiran. STOP.

Las mejores ideas se encuentran en el último lugar en que se busca. En Madrid el distrito obrero de Tetuán ha visto nacer una escuela para emprendedores que no cobra a sus alumnos. Un Silicon Valley castizo en el que el dinero no es lo más importante.   

Se llama Carmen Bermejo (Madrid, 1980) y habla deprisa. Titubea poco y sonríe bastante. De apariencia tímida, conoce a la perfección un mundillo de pequeños genios que están dispuestos a arriesgarlo todo por una idea. Esta desarrolladora de software es la CEO de Tetuán Valley, una incubadora para mentes inquietas. Dice que se asfixia si se siente atada a un trabajo y que no está en esto por la pasta. No va a quedarse mucho por aquí y hay que prestar atención porque sonríe bastante pero habla deprisa.

¿Qué es Tetuán Valley? 

Una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a los emprendedores de base tecnológica. Una gran familia. Nuestros alumnos acaban fundando start-ups o siendo contratados por una.

¿Qué es una start-up?

Un proyecto escalable e innovador. Escalable significa que si tienes mil clientes y de repente subes a un millón, el esfuerzo que vas a tener que hacer no es proporcional. En una start-up el reto es definir la idea y el producto. Una vez que lo consigues, el modelo está hecho.

Se te olvida decir que están muy, muy moda.

Hay mucha confusión: ni todos los emprendedores tienen una start-up ni todas las empresas que están empezando son una start-up. Si vendes algo que vas a tener que hacer tú, entonces no es escalable y no es una start-up. Porque si pasas de mil clientes a un millón deberás multiplicar por mil tu esfuerzo.

¿Tetuán Valley es como un máster pero sin pagar?

Es totalmente gratis pero hay una selección. En la última promoción se presentaron 66 equipos (cada equipo tiene de 1 a 4 emprendedores) y elegimos solo a 11.

¿Cuánto dura?

Seis intensas semanas. Clase presencial los miércoles de siete de la tarde a doce de la noche. El resto son los deberes: preparar el pitch, el business model canvas, entrevistas de usuarios, diseñar el proyecto, Excel con métricas básicas…

¿En 6 semanas forman emprendedores?

No, no, a ver… Nuestro programa es muy interesante, pero lo que realmente ofrecemos es comunidad. Somos una puerta de entrada para conocer gente que piensa de una determinada manera.

¿Solo en Madrid?

Desde hace tiempo en Madrid pero ahora vamos a hacerlo también en Barcelona y quizás en Tenerife. La próxima promoción tiene hasta el 23 de marzo para apuntarse.

Si es gratis, ¿de qué viven?

Solo somos 3 personas a tiempo completo. Hay antiguos alumnos que nos ayudan sin cobrar. Y tenemos un patrocinador que vende un software para start-ups: nosotros hablamos de ellos, ponemos su logo por todas partes…

Se me cae un mito. Yo creía que esto de las start-ups era para forrarse.

Tengo amigos que han hecho voto de pobreza y dicen que el dinero es malo. No lo hacemos por la pasta

¿Por qué lo hacen?

Porque nos gusta estar rodeados de gente que piensa diferente.

Repite eso de que el dinero es malo.

Algunos solo quieren ganar mucho, pero también hay quien quiere cambiar el mundo. Estamos obsesionados, pero la realidad es que el dinero es solo una herramienta. El sistema en que vivimos está roto y el dinero nos maneja. Vivimos atrapados en algo que ya no funciona.

Entonces, ¿los antiguos alumnos de Tetuán Valley no se han forrado?

Ninguno se ha hecho super rico, pero algunos han recibido buenas inversiones, como Voz.io, que te permite montar un call-center online. Más allá del dinero, le tengo cariño a los luchadores, como los chicos de RiderState, un juego para amantes de la bicicleta a medio camino entre Foursquare y Endomondo.

¿Con qué ideas trabajan?

A día de hoy la mayor parte son aplicaciones para el móvil y aplicaciones web.

Ponme un ejemplo de start-up que no tenga nada que ver con la tecnología.

Esta cafetería en la que estamos, este Starbucks. Cuando empezó, Starbucks era una start-up. Es un modelo escalable y repetible. Vender algo porque has tenido suerte no es repetible. Si consigues ventas repetibles tienes una idea validada. Starbucks es un copia-pega que ha revolucionado su sector a base de innovación.

Viveros y aceleradoras son otros dos palabros de este mundillo…

Un vivero es un sitio que ofrece oficinas gratis o baratas para start-ups. Una aceleradora es una plataforma que selecciona start-ups para ofrecerlas a su cartera de inversores. Tetuán Valley es una pre-aceleradora: trabajamos con ideas que aún no son una start-up.

¿De verdad crees que todo esto tiene futuro en España?

Tenemos un grave problema de mentalidad: somos una de las culturas con más miedo a hacer al ridículo y en el colegio te enseñan a ser así. Un emprendedor no es alguien que se queda callado cogiendo apuntes y obedeciendo. Además en España todo es complicado, con demasiado papeleo y un mercado muy pequeño.

Así que también en esto somos el patito feo de Europa.

Para nada. Ahora mismo estamos de moda. Está habiendo un boom de innovación en Madrid y Barcelona. Start-ups, emprendedores, aceleradoras, eventos… Lo que nos falta es inversión y atrevimiento. Hay que soñar más grande. Hay que arriesgarse.

¿Qué es lo más difícil para un emprendedor novato?

Comprender quiénes pueden ser sus clientes.

El emprendedor novato está escuchando. ¿Cuáles son las 3 cosas que no debe hacer?

Primero: no te encierres en casa con tu idea maravillosa. Tienes que salir y hablar con tus potenciales clientes. No tengas miedo a contar tu idea.

Segundo: tienes que aprender de qué va la cosa. Vete a unas cuantas charlas y eventos, lee algunos libros, intenta que te contraten en una start-up para ir aprendiendo…

Tercero: investiga a la competencia. Si piensas que solo a ti se te ha ocurrido eso… piénsalo otra vez y mira bien: seguro que hay competencia.

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Miguel Calzada

La pesadilla del SEO

Lo llaman SEO y está en boca de todos. A algunos les provoca sueños húmedos. A otros, noches en vela.

Hablamos de tunear Google, de hacer que tu página sea más fácil de encontrar que otras, de los millones de dólares, euros y yenes que persiguen los millones de webs del triste mundo.

Todo empieza con un sueño que acaba mal.

Buscando a Señor Muñoz

El Señor Muñoz vive en Marbella y tiene una pesadilla recurrente: se despierta y Google ha cambiado el algoritmo. Su profesión ha dejado de existir.

A Fernando Muñoz (Marbella, 1977) te le encuentras siempre que se habla seriamente de SEO, pero nunca consigue ocultar su jovialidad contagiosa. Profesor en los dos únicos Master sobre SEO de España, entre sus clientes ha contado con nombres como Terra, Halcón Viajes, Direct Seguros, ALSA o el grupo El Fuerte.

Este hombre que en su luna de miel se fue a California para visitar la sede de Google, tiene una labia poco habitual en su tribu (es ingeniero informático), lo que le abre las puertas de todo tipo de congresos y eventos. Le encontramos en mitad de uno de ellos, en la terraza de un hotel madrileño y en plena ola de calor. Tras romper el hielo con unos vasos llenos de cubitos, hablamos de SEO, tres siglas (Search Engine Optimization) que mueven millones y prometen aupar tu web a los primeros puestos de Google.

  • En Madrid hace calor pero el Señor Muñoz tiene sudores fríos. Ayer concluyó el último cambio de algoritmo de Google. El omnisciente buscador trastoca su robot en navidades y verano, haciendo cundir el pánico entre los expertos SEO de todo el mundo.

Claro que cunde el pánico. Imagínate una web que está ganando un millón al día. Y de repente deja de salir entre los primeros resultados de Google y no gana nada. Cero euros al día.

  • ¿Hablar de SEO es hablar de Google?

El SEO es posicionarte en cualquier buscador. SEO también es que si alguien teclea tu profesión en el buscador de LinkedIn, tu curriculum aparezca el primero. Hay países como Rusia o China con buscadores autóctonos muy fuertes, pero aquí Google controla el 98% del mercado… así que hablamos fundamentalmente de Google.

  • Cuando tu madre te pregunta a qué te dedicas, ¿qué dices?

Mi trabajo es que mis clientes tengan un escaparate en todas y cada una de las calles de Internet. Si alguien te está buscando, yo hago que te encuentren.

  • En 2008 Fernando Muñoz se transmutó en el Señor Muñoz. Hasta entonces era un ingeniero al que no enseñaron nada sobre SEO en la Universidad, por la simple razón de que esa materia aún no existía.   

Terminé la carrera y me puse a trabajar en Internet con el grupo hotelero El Fuerte. Allí aprendí la importancia del SEO. En 2008 monté mi empresa y tuve que elegir un nombre. Mi padre era maestro y le llamaban Don Fernando. A mí Don Fernandito. No quería ser impersonal, no quería ser consultorseo.com. Se me ocurrió Señor Muñoz. Ya nunca podrán decir que no soy un señor en los negocios.

  • Cuéntanos la historia de los buscadores de Internet en menos de 100 palabras.   

Al principio en Internet no se buscaba. Se ordenaba como en una biblioteca. Una web estaba solo en una estantería: una web de fútbol solo podía ser eso y no otra cosa. Para posicionarte bien debías tener una empresa que empezase por A. Luego, en torno a 1996, en la era de Altavista, aparecieron webs más “buscables”. Entonces hacer SEO era poner muchas veces una palabra clave. Si tu web iba de fútbol, tenías que poner la palabra balón más veces que la competencia.

  • Hasta que llegó Google…

Cambiaron todo con un nuevo concepto: dar popularidad a una web basándose en el número de referencias que tiene. A partir de entonces una página se posiciona gracias a un buen contenido y a que otras webs la mencionen.

  • ¿Cómo puede un robot saber lo que es un buen contenido?

Porque un contenido de calidad recibirá muchas referencias, muchos enlaces.

  • Eso solo es así si crees que calidad es popularidad…

Las redes sociales son un ejemplo: una noticia de ocio siempre se comparte más que una de pena. ¿Significa que la noticia de pena es mala? No, es que en una red social tú no entras a tener pena. Pero desde luego la calidad es algo más que su popularidad. En Google también lo saben y están rebajando la importancia de los enlaces para dar más peso a la opinión de internautas especializados en el tema del que trata esa noticia en concreto.

  • El SEO mueve millones y al mismo tiempo decimos que en Internet todo es gratis. ¿Dónde está el truco?

Lo que vale dinero son los datos. De ahí el gran escándalo por lo de Wikileaks, Snowden… Cuantos más datos tengas, más poder tienes. Cuando algo es gratis es porque el producto eres tú. Si Facebook es gratis, es porque te usan a ti para mostrar sus anuncios. Si tú tienes Google sin pagar, es porque te utilizan para ponerte publicidad en función de tus búsquedas. Si en Internet casi todo es gratis es porque tus datos personales son el producto.

  • Tu vínculo con Google llega hasta el punto de hacer una paradita durante tu luna de miel para visitar su sede. ¿Cómo vives esta relación?

Es una relación de amor/odio. Si yo como es gracias a ellos, pero sufro cada vez que introducen cambios. En mi viaje de novios pasé por allí, me hice mis fotos… Pero es un sitio de trabajo, no puedes llegar y decir: “Hola, ¿está el señor Google?, que se ponga, que quiero ver el algoritmo”.

  • El famoso algoritmo, la fórmula de la Coca-Cola en versión SEO.

Nadie lo ha visto nunca, y quien te diga lo contrario miente. Así que no sabemos a ciencia cierta en qué se fija Google para ordenar las búsquedas. Solo podemos hacer pruebas, ver qué cosas parece premiar o castigar… Puedes consultar la patente del algoritmo original, pero desde entonces ha habido muchísimos cambios. Porque Google aprende de lo que hacemos, de cómo buscamos.

  • Muchos dicen que quien escribe para Internet debe cambiar su forma de redactar para posicionar mejor sus contenidos.

Un buen profesional nunca va a decirte que escribas en plan SEO. Eso sería escribir para una máquina y es lo peor para el lector. Mejor pregúntate: ¿por qué palabras quiero posicionarme? Pon esas palabras en el titular y en la entradilla. Pregúntate incluso si te interesa posicionarte, porque quizás puedas vivir sin Google. Una vez tengas las respuestas, no hay misterio. Engancha al usuario con un buen titular y una buena entradilla. Lo que nunca hay que hacer es escribir para un robot. Te van a leer personas. Y si tu contenido es una porquería, puedes tener a esa persona una vez, dos veces… pero a la tercera ya no va a pinchar en tu página porque sabe que haces porquerías.

  • En plena crisis se nos bombardea con el mensaje: si está en el paro, emprenda usted. ¿Cómo te lo explicas?

El estado de un autónomo es ideal para cualquier Gobierno. Estás pagando y lo estás pagando bien… Si te pones malo no tienes ninguna cobertura. Si te quedas en paro, tampoco. Si consigues jubilarte, no vas a tener una pensión alta. Les interesa que haya más autónomos. Haciendo cálculos me sale que para ganar 600 euros tengo que facturar 1.300. Les salgo a cuenta.

  • ¿El futuro no es un país de emprendedores?

No todo el mundo puede ser emprendedor. No puedes cambiar el modelo productivo simplemente diciendo: haceros emprendedores. No, vamos a ver, yo me hago emprendedor pero antes tú me das formación. Es una cuestión de cultura y de aversión al riesgo. Yo, por ejemplo, no valgo para escalar. Y aunque tú me digas muchas veces que suba esa montaña, voy a seguir pegándome los mismos pellejazos.

  • Las start-ups en Internet son la reina del baile. Se habla de sus éxitos, ¿qué hay de los fracasos?

Hay mucha gente pegándose batacazos, pero eso no te lo cuentan. Lo que te dicen es que en Internet se vende mucho. Que Facebook vale más que todas las empresas del Ibex 35 juntas. Se crea un aura de romanticismo. Te dicen que Google nació en un garaje. Vale, tío, nació en un garaje gracias a dos de los mejores ingenieros del MIT trabajando horas y horas en un proyecto de fin de carrera dirigido por los mejores académicos de la Universidad. No fue una casualidad. Y lo que es más importante: cuando empezaron no pensaban “voy a hacerme emprendedor”.

  • Volvamos a la pesadilla: ¿y si desaparece tu profesión?

Por el bien de mi hijo, espero que no. Pero los usuarios de Internet somos tremendamente infieles. Si algo nos deja de ser útil, lo abandonamos. Y si un día Google desaparece, lo que yo hago se desvanece. Quizás no sea de un día para otro, pero puede pasar. Google no existía hasta 1997, Facebook no existía hasta 2004, Twitter no existía hasta 2006…

El Señor Muñoz repasa cifras y cuadra sus cuentas. El apocalipsis puede ocurrir cualquier día, pero no hoy. Google sigue reinando y él sigue encontrando lo que buscaba.

 

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Miguel Calzada

Las serpientes y el verano

El periodismo consiste en decir que Lord Jones ha muerto a gente que ni siquiera sabía que Lord Jones estaba vivo. (G.K. Chesterton)

El desenlace de agosto es el hábitat natural de la serpiente del verano o, como dicen los anglosajones, the silly season, estación tonta en la que escasean las noticias y se escarba en la mierda hasta encontrar algo que despierte los instintos primarios del lector (en Internet se llama “pincha-pincha“, asumiendo que los internautas son cavernícolas que hacen clic sobre tetas, chascarillos y fotogalerías). Al parecer, si lo llamamos “serpiente del verano” es porque hasta hace poco era habitual desempolvar al reptil que vivía bajo las aguas del Lago Ness para alegrarnos el agosto.

El Monstruo del Lago Ness es la serpiente que más veces ha resucitado, un mito que se remonta a la vida y milagros de San Columba, quien habría salvado a un aldeano de ser devorado por la terrible criatura. Pero el tema quedó desgastado después de la enésima foto falsa del diplodocus luciendo palmito, y para rellenar páginas surgieron otras excusas. Como la del verano de 1994, cuando por un Internet aún en pañales (cadenas de e-mails) comenzó a circular un rumor alucinado: Bill Gates había comprado la Iglesia Católica. Hasta diciembre, cuando la broma empezó a tener difusión masiva, no se decidió Microsoft a responder seriamente a la delirante y falsa nota de prensa (con firma de Associated Press) en la que se afirmaba que el catolicismo había manejado el marketing mejor que el judaísmo, “liderando cruzadas para que la gente actualizase” su religión.

Cuando el verano de 1995 agonizaba, la cadena americana Fox emitió un vídeo en blanco y negro que ya es un clásico: la autopsia del alienígena. Lo que en principio era la disección del extraterrestre que llegó a Roswell en 1947, al final fue una farsa grabada meses antes en un estudio londinense. El alien era de látex y sus entrañas de pollo. Más de mil millones de personas lo vieron durante uno de los veranos más aburridos que se recuerdan.

El legendario y veraniego incidente de Roswell (Nuevo México), en el que un ovni se pasó de frenada estrellándose contra el desierto y siendo capturado por las fuerzas especiales, coincide con los primeros avistamientos en la historia de España. En julio de 1947 la prensa se alimentó con los testimonios de militares que veían platillos en el Golfo de Vizcaya o en Balazote (Albacete). Si los alienígenas eligieron estas fechas para darse un paseo por nuestro planeta, está claro que sabían el provecho que podían sacar, a nivel de marketing, de la serpiente del verano, la silly season o, como se llama en otros países, la estación de los pepinillos (noticias que parecen ser un pepino y acaban en pepinillo).

No todo es paranormal, lo que predomina es más bien banal. Los últimos días de agosto de 2005 vieron colarse en los telediarios a 4 australianos arrestados por tallar 800 estatuas con droga o el concejal húngaro que pretendía legislar el largo de la minifalda. Chorradas puras y duras que persisten y se repiten, como la del rebaño de ovejas chilenas que acabó ante el juez por devorar una plantación de frijoles. Las malas artes del corta-y-pega han permitido que esta idiotez lleve más de seis veranos pululando por la Red.

La paradoja fatal llega cuando las serpientes del verano toman forma. El Monstruo del Lago Ness existe y lo que cayó en Roswell era un ovni. Ha pasado más veces. Como cuando se fundaron las primeras sectas satánicas (siglo XIX), tras mil años en los que el satanismo había sido la Serpiente del verano favorita del Vaticano.

O como cuando, a falta de otra cosa que publicar, alguien hablaba de una gran burbuja que iba a explotar. Nouriel Roubini lo clavó: corría 2006 cuando dijo que Grecia, España, Italia y Portugal tendrían que afrontar dolorosas reformas económicas o serían expulsadas de Europa. Pero en mitad de su discurso, el que entonces era ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, le mandó callar al grito de: “¡Vuélvete a Turquía!”. Y aunque era enero, aquello se convirtió en otra serpiente del verano y la burbuja siguió hinchándose, igual que las heridas acumulan pus antes de reventar.

Entretanto, seguimos pinchando sobre el contenido más “ligero”, “refrescante”, “desenfadado”… y otros vomitivos adjetivos. La serpiente se arrastra sobre su vientre y el Papa sigue mandando en Roma.

Maldita serás entre todos los animales. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Serás enemiga de la mujer y de sus hijos. Sus hijos te aplastarán la cabeza, pero tú les morderas el talón. (Génesis, 3:14-15)

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