Miguel Calzada

La tecnología es lenta (y los millennials más)

La oda es un género lírico indigesto por definición. Esto no tiene por qué ser un defecto, también le pasa al guacamole. La poesía pesada tiene hueco en la mesa siempre que  el aguacate esté en su punto. De lo contrario, uno se traga las paridas de cualquier bardo.

Con los llamados millennials hace tiempo que la alabanza se nos fue de las manos. De ellos se dice que son nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, creativos, apasionados, críticos, exigentes… Que prefieren compartir a poseer. Que están muy comprometidos socialmente. Que valoran por encima de todo la ética y la transparencia. En suma, mala gente.

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Día tras día, los medios se llenan de presuntos reportajes que describen a los millennials como una generación mesiánica. En realidad es de cajón: los nacidos entre 1977 y 2000 (ahora entre los 16 y 39 años) van a ir acaparando el poder adquisitivo. Será más por incomparecencia del resto de cohortes (pensionistas o estudiantes) que por méritos propios. No hace falta un estudio de Deloitte para saber que el grueso de los consumidores serán millennials, que todos los países serán gobernados por millennials y que casi todo lo bueno que ocurra en las próximas décadas será gracias a los millennials.

Lo que nunca se dice es que el ISIS también es muy millennial. Nativos digitales, proactivos, idealistas, disruptores, apasionados, críticos, exigentes, con gran afición a los móviles y los vídeos virales.

¿Cuál es el sentido de esta insistencia en recordarnos que los más jóvenes irán sustituyendo a los más viejos? ¿Por qué repetir tantas veces que no entienden el mundo igual que sus padres? ¿De verdad es necesario desayunarse cada mañana con tres artículos sobre los superpoderes de esta generación de generaciones?

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La sustancia de esta espuma es la siguiente: nos ha tocado vivir la Cuarta Revolución Industrial con todos sus dramas. Es de cajón que el mundo no volverá a ser lo que era antes de Internet. Eso es lo que nos ha cambiado a todos, sin importar la edad, pero como nuestros estómagos son de digestión lenta aún estamos asimilándolo.

Los medios de comunicación son rápidos y no pueden tirarse décadas publicando que la gran novedad es Internet. Pero el ingrediente clave de la receta sigue siendo ese, por más que con el paso de los años se haya aderezado con smartphones, redes sociales… y lo que está por venir (robótica e inteligencia artificial, esta vez en serio).

Nuestras ganas de fabular nuevas revoluciones superan con mucho la velocidad real de la tecnología. Por eso existe la ciencia-ficción. Si una cosa ha quedado demostrada en los últimos veinte años es que cuando la tecnología pisa el acelerador, nuestra imaginación se pone en modo turbo. Esas son las buenas noticias.

Las malas se esconden detrás de la trampa del mundo nuevo. Hay que valorar la siguiente teoría: las “noticias” sobre las fabulosas cualidades de los millennials no van dirigidas hacia los mayores sino hacia los millennials mismos. A todo el mundo le gusta leer que forma parte de algo estupendo y si les repetimos cien veces por semana que no recuerdan cómo era el mundo antes de los móviles… acabará siendo cierto.

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El peligro de toda esta intoxicación estético-informativa es que la mayoría de la poblacion mundial llegue a considerar que la ignorancia es deseable. Hay mucho de esnobismo en el desprecio indisimulado hacia lo que era una cinta VHS o a cómo se citaba la gente cuando no existían los teléfonos. Yo nunca he vivido en un mundo sin penicilina, pero me lo han contado y no lo olvidaré.

Así se explica la simpatía que despiertan los movimientos nostálgicos, por patéticos que sean. Escuchar vinilos, cámaras con un carrete que hay que revelar, el regreso del Super 8… A este paso, cualquier día empezaremos a interesarnos por cómo funciona la realidad.

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Miguel Calzada

El sistema está roto, el dinero nos maneja

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El título suena a telegrama del fin del mundo pero es lo que dice Carmen Bermejo, la mente al frente de Tetuán Valley (el modestísimo Silicon Valley que intenta brotar en el distrito madrileño de Tetuán).

A su nombre puedes unir vocablos como emprendedor, start-up y otras entelequias, pero no hay sitio para la codicia. No son santos ni eremitas, solo gente que se afixia porque viven “atrapados en algo que ya no funciona“. Si colean, es que aún respiran. STOP.

Las mejores ideas se encuentran en el último lugar en que se busca. En Madrid el distrito obrero de Tetuán ha visto nacer una escuela para emprendedores que no cobra a sus alumnos. Un Silicon Valley castizo en el que el dinero no es lo más importante.   

Se llama Carmen Bermejo (Madrid, 1980) y habla deprisa. Titubea poco y sonríe bastante. De apariencia tímida, conoce a la perfección un mundillo de pequeños genios que están dispuestos a arriesgarlo todo por una idea. Esta desarrolladora de software es la CEO de Tetuán Valley, una incubadora para mentes inquietas. Dice que se asfixia si se siente atada a un trabajo y que no está en esto por la pasta. No va a quedarse mucho por aquí y hay que prestar atención porque sonríe bastante pero habla deprisa.

¿Qué es Tetuán Valley? 

Una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a los emprendedores de base tecnológica. Una gran familia. Nuestros alumnos acaban fundando start-ups o siendo contratados por una.

¿Qué es una start-up?

Un proyecto escalable e innovador. Escalable significa que si tienes mil clientes y de repente subes a un millón, el esfuerzo que vas a tener que hacer no es proporcional. En una start-up el reto es definir la idea y el producto. Una vez que lo consigues, el modelo está hecho.

Se te olvida decir que están muy, muy moda.

Hay mucha confusión: ni todos los emprendedores tienen una start-up ni todas las empresas que están empezando son una start-up. Si vendes algo que vas a tener que hacer tú, entonces no es escalable y no es una start-up. Porque si pasas de mil clientes a un millón deberás multiplicar por mil tu esfuerzo.

¿Tetuán Valley es como un máster pero sin pagar?

Es totalmente gratis pero hay una selección. En la última promoción se presentaron 66 equipos (cada equipo tiene de 1 a 4 emprendedores) y elegimos solo a 11.

¿Cuánto dura?

Seis intensas semanas. Clase presencial los miércoles de siete de la tarde a doce de la noche. El resto son los deberes: preparar el pitch, el business model canvas, entrevistas de usuarios, diseñar el proyecto, Excel con métricas básicas…

¿En 6 semanas forman emprendedores?

No, no, a ver… Nuestro programa es muy interesante, pero lo que realmente ofrecemos es comunidad. Somos una puerta de entrada para conocer gente que piensa de una determinada manera.

¿Solo en Madrid?

Desde hace tiempo en Madrid pero ahora vamos a hacerlo también en Barcelona y quizás en Tenerife. La próxima promoción tiene hasta el 23 de marzo para apuntarse.

Si es gratis, ¿de qué viven?

Solo somos 3 personas a tiempo completo. Hay antiguos alumnos que nos ayudan sin cobrar. Y tenemos un patrocinador que vende un software para start-ups: nosotros hablamos de ellos, ponemos su logo por todas partes…

Se me cae un mito. Yo creía que esto de las start-ups era para forrarse.

Tengo amigos que han hecho voto de pobreza y dicen que el dinero es malo. No lo hacemos por la pasta

¿Por qué lo hacen?

Porque nos gusta estar rodeados de gente que piensa diferente.

Repite eso de que el dinero es malo.

Algunos solo quieren ganar mucho, pero también hay quien quiere cambiar el mundo. Estamos obsesionados, pero la realidad es que el dinero es solo una herramienta. El sistema en que vivimos está roto y el dinero nos maneja. Vivimos atrapados en algo que ya no funciona.

Entonces, ¿los antiguos alumnos de Tetuán Valley no se han forrado?

Ninguno se ha hecho super rico, pero algunos han recibido buenas inversiones, como Voz.io, que te permite montar un call-center online. Más allá del dinero, le tengo cariño a los luchadores, como los chicos de RiderState, un juego para amantes de la bicicleta a medio camino entre Foursquare y Endomondo.

¿Con qué ideas trabajan?

A día de hoy la mayor parte son aplicaciones para el móvil y aplicaciones web.

Ponme un ejemplo de start-up que no tenga nada que ver con la tecnología.

Esta cafetería en la que estamos, este Starbucks. Cuando empezó, Starbucks era una start-up. Es un modelo escalable y repetible. Vender algo porque has tenido suerte no es repetible. Si consigues ventas repetibles tienes una idea validada. Starbucks es un copia-pega que ha revolucionado su sector a base de innovación.

Viveros y aceleradoras son otros dos palabros de este mundillo…

Un vivero es un sitio que ofrece oficinas gratis o baratas para start-ups. Una aceleradora es una plataforma que selecciona start-ups para ofrecerlas a su cartera de inversores. Tetuán Valley es una pre-aceleradora: trabajamos con ideas que aún no son una start-up.

¿De verdad crees que todo esto tiene futuro en España?

Tenemos un grave problema de mentalidad: somos una de las culturas con más miedo a hacer al ridículo y en el colegio te enseñan a ser así. Un emprendedor no es alguien que se queda callado cogiendo apuntes y obedeciendo. Además en España todo es complicado, con demasiado papeleo y un mercado muy pequeño.

Así que también en esto somos el patito feo de Europa.

Para nada. Ahora mismo estamos de moda. Está habiendo un boom de innovación en Madrid y Barcelona. Start-ups, emprendedores, aceleradoras, eventos… Lo que nos falta es inversión y atrevimiento. Hay que soñar más grande. Hay que arriesgarse.

¿Qué es lo más difícil para un emprendedor novato?

Comprender quiénes pueden ser sus clientes.

El emprendedor novato está escuchando. ¿Cuáles son las 3 cosas que no debe hacer?

Primero: no te encierres en casa con tu idea maravillosa. Tienes que salir y hablar con tus potenciales clientes. No tengas miedo a contar tu idea.

Segundo: tienes que aprender de qué va la cosa. Vete a unas cuantas charlas y eventos, lee algunos libros, intenta que te contraten en una start-up para ir aprendiendo…

Tercero: investiga a la competencia. Si piensas que solo a ti se te ha ocurrido eso… piénsalo otra vez y mira bien: seguro que hay competencia.

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Miguel Calzada

La pesadilla del SEO

Lo llaman SEO y está en boca de todos. A algunos les provoca sueños húmedos. A otros, noches en vela.

Hablamos de tunear Google, de hacer que tu página sea más fácil de encontrar que otras, de los millones de dólares, euros y yenes que persiguen los millones de webs del triste mundo.

Todo empieza con un sueño que acaba mal.

Buscando a Señor Muñoz

El Señor Muñoz vive en Marbella y tiene una pesadilla recurrente: se despierta y Google ha cambiado el algoritmo. Su profesión ha dejado de existir.

A Fernando Muñoz (Marbella, 1977) te le encuentras siempre que se habla seriamente de SEO, pero nunca consigue ocultar su jovialidad contagiosa. Profesor en los dos únicos Master sobre SEO de España, entre sus clientes ha contado con nombres como Terra, Halcón Viajes, Direct Seguros, ALSA o el grupo El Fuerte.

Este hombre que en su luna de miel se fue a California para visitar la sede de Google, tiene una labia poco habitual en su tribu (es ingeniero informático), lo que le abre las puertas de todo tipo de congresos y eventos. Le encontramos en mitad de uno de ellos, en la terraza de un hotel madrileño y en plena ola de calor. Tras romper el hielo con unos vasos llenos de cubitos, hablamos de SEO, tres siglas (Search Engine Optimization) que mueven millones y prometen aupar tu web a los primeros puestos de Google.

  • En Madrid hace calor pero el Señor Muñoz tiene sudores fríos. Ayer concluyó el último cambio de algoritmo de Google. El omnisciente buscador trastoca su robot en navidades y verano, haciendo cundir el pánico entre los expertos SEO de todo el mundo.

Claro que cunde el pánico. Imagínate una web que está ganando un millón al día. Y de repente deja de salir entre los primeros resultados de Google y no gana nada. Cero euros al día.

  • ¿Hablar de SEO es hablar de Google?

El SEO es posicionarte en cualquier buscador. SEO también es que si alguien teclea tu profesión en el buscador de LinkedIn, tu curriculum aparezca el primero. Hay países como Rusia o China con buscadores autóctonos muy fuertes, pero aquí Google controla el 98% del mercado… así que hablamos fundamentalmente de Google.

  • Cuando tu madre te pregunta a qué te dedicas, ¿qué dices?

Mi trabajo es que mis clientes tengan un escaparate en todas y cada una de las calles de Internet. Si alguien te está buscando, yo hago que te encuentren.

  • En 2008 Fernando Muñoz se transmutó en el Señor Muñoz. Hasta entonces era un ingeniero al que no enseñaron nada sobre SEO en la Universidad, por la simple razón de que esa materia aún no existía.   

Terminé la carrera y me puse a trabajar en Internet con el grupo hotelero El Fuerte. Allí aprendí la importancia del SEO. En 2008 monté mi empresa y tuve que elegir un nombre. Mi padre era maestro y le llamaban Don Fernando. A mí Don Fernandito. No quería ser impersonal, no quería ser consultorseo.com. Se me ocurrió Señor Muñoz. Ya nunca podrán decir que no soy un señor en los negocios.

  • Cuéntanos la historia de los buscadores de Internet en menos de 100 palabras.   

Al principio en Internet no se buscaba. Se ordenaba como en una biblioteca. Una web estaba solo en una estantería: una web de fútbol solo podía ser eso y no otra cosa. Para posicionarte bien debías tener una empresa que empezase por A. Luego, en torno a 1996, en la era de Altavista, aparecieron webs más “buscables”. Entonces hacer SEO era poner muchas veces una palabra clave. Si tu web iba de fútbol, tenías que poner la palabra balón más veces que la competencia.

  • Hasta que llegó Google…

Cambiaron todo con un nuevo concepto: dar popularidad a una web basándose en el número de referencias que tiene. A partir de entonces una página se posiciona gracias a un buen contenido y a que otras webs la mencionen.

  • ¿Cómo puede un robot saber lo que es un buen contenido?

Porque un contenido de calidad recibirá muchas referencias, muchos enlaces.

  • Eso solo es así si crees que calidad es popularidad…

Las redes sociales son un ejemplo: una noticia de ocio siempre se comparte más que una de pena. ¿Significa que la noticia de pena es mala? No, es que en una red social tú no entras a tener pena. Pero desde luego la calidad es algo más que su popularidad. En Google también lo saben y están rebajando la importancia de los enlaces para dar más peso a la opinión de internautas especializados en el tema del que trata esa noticia en concreto.

  • El SEO mueve millones y al mismo tiempo decimos que en Internet todo es gratis. ¿Dónde está el truco?

Lo que vale dinero son los datos. De ahí el gran escándalo por lo de Wikileaks, Snowden… Cuantos más datos tengas, más poder tienes. Cuando algo es gratis es porque el producto eres tú. Si Facebook es gratis, es porque te usan a ti para mostrar sus anuncios. Si tú tienes Google sin pagar, es porque te utilizan para ponerte publicidad en función de tus búsquedas. Si en Internet casi todo es gratis es porque tus datos personales son el producto.

  • Tu vínculo con Google llega hasta el punto de hacer una paradita durante tu luna de miel para visitar su sede. ¿Cómo vives esta relación?

Es una relación de amor/odio. Si yo como es gracias a ellos, pero sufro cada vez que introducen cambios. En mi viaje de novios pasé por allí, me hice mis fotos… Pero es un sitio de trabajo, no puedes llegar y decir: “Hola, ¿está el señor Google?, que se ponga, que quiero ver el algoritmo”.

  • El famoso algoritmo, la fórmula de la Coca-Cola en versión SEO.

Nadie lo ha visto nunca, y quien te diga lo contrario miente. Así que no sabemos a ciencia cierta en qué se fija Google para ordenar las búsquedas. Solo podemos hacer pruebas, ver qué cosas parece premiar o castigar… Puedes consultar la patente del algoritmo original, pero desde entonces ha habido muchísimos cambios. Porque Google aprende de lo que hacemos, de cómo buscamos.

  • Muchos dicen que quien escribe para Internet debe cambiar su forma de redactar para posicionar mejor sus contenidos.

Un buen profesional nunca va a decirte que escribas en plan SEO. Eso sería escribir para una máquina y es lo peor para el lector. Mejor pregúntate: ¿por qué palabras quiero posicionarme? Pon esas palabras en el titular y en la entradilla. Pregúntate incluso si te interesa posicionarte, porque quizás puedas vivir sin Google. Una vez tengas las respuestas, no hay misterio. Engancha al usuario con un buen titular y una buena entradilla. Lo que nunca hay que hacer es escribir para un robot. Te van a leer personas. Y si tu contenido es una porquería, puedes tener a esa persona una vez, dos veces… pero a la tercera ya no va a pinchar en tu página porque sabe que haces porquerías.

  • En plena crisis se nos bombardea con el mensaje: si está en el paro, emprenda usted. ¿Cómo te lo explicas?

El estado de un autónomo es ideal para cualquier Gobierno. Estás pagando y lo estás pagando bien… Si te pones malo no tienes ninguna cobertura. Si te quedas en paro, tampoco. Si consigues jubilarte, no vas a tener una pensión alta. Les interesa que haya más autónomos. Haciendo cálculos me sale que para ganar 600 euros tengo que facturar 1.300. Les salgo a cuenta.

  • ¿El futuro no es un país de emprendedores?

No todo el mundo puede ser emprendedor. No puedes cambiar el modelo productivo simplemente diciendo: haceros emprendedores. No, vamos a ver, yo me hago emprendedor pero antes tú me das formación. Es una cuestión de cultura y de aversión al riesgo. Yo, por ejemplo, no valgo para escalar. Y aunque tú me digas muchas veces que suba esa montaña, voy a seguir pegándome los mismos pellejazos.

  • Las start-ups en Internet son la reina del baile. Se habla de sus éxitos, ¿qué hay de los fracasos?

Hay mucha gente pegándose batacazos, pero eso no te lo cuentan. Lo que te dicen es que en Internet se vende mucho. Que Facebook vale más que todas las empresas del Ibex 35 juntas. Se crea un aura de romanticismo. Te dicen que Google nació en un garaje. Vale, tío, nació en un garaje gracias a dos de los mejores ingenieros del MIT trabajando horas y horas en un proyecto de fin de carrera dirigido por los mejores académicos de la Universidad. No fue una casualidad. Y lo que es más importante: cuando empezaron no pensaban “voy a hacerme emprendedor”.

  • Volvamos a la pesadilla: ¿y si desaparece tu profesión?

Por el bien de mi hijo, espero que no. Pero los usuarios de Internet somos tremendamente infieles. Si algo nos deja de ser útil, lo abandonamos. Y si un día Google desaparece, lo que yo hago se desvanece. Quizás no sea de un día para otro, pero puede pasar. Google no existía hasta 1997, Facebook no existía hasta 2004, Twitter no existía hasta 2006…

El Señor Muñoz repasa cifras y cuadra sus cuentas. El apocalipsis puede ocurrir cualquier día, pero no hoy. Google sigue reinando y él sigue encontrando lo que buscaba.

 

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Miguel Calzada

Las serpientes y el verano

El periodismo consiste en decir que Lord Jones ha muerto a gente que ni siquiera sabía que Lord Jones estaba vivo. (G.K. Chesterton)

El desenlace de agosto es el hábitat natural de la serpiente del verano o, como dicen los anglosajones, the silly season, estación tonta en la que escasean las noticias y se escarba en la mierda hasta encontrar algo que despierte los instintos primarios del lector (en Internet se llama “pincha-pincha“, asumiendo que los internautas son cavernícolas que hacen clic sobre tetas, chascarillos y fotogalerías). Al parecer, si lo llamamos “serpiente del verano” es porque hasta hace poco era habitual desempolvar al reptil que vivía bajo las aguas del Lago Ness para alegrarnos el agosto.

El Monstruo del Lago Ness es la serpiente que más veces ha resucitado, un mito que se remonta a la vida y milagros de San Columba, quien habría salvado a un aldeano de ser devorado por la terrible criatura. Pero el tema quedó desgastado después de la enésima foto falsa del diplodocus luciendo palmito, y para rellenar páginas surgieron otras excusas. Como la del verano de 1994, cuando por un Internet aún en pañales (cadenas de e-mails) comenzó a circular un rumor alucinado: Bill Gates había comprado la Iglesia Católica. Hasta diciembre, cuando la broma empezó a tener difusión masiva, no se decidió Microsoft a responder seriamente a la delirante y falsa nota de prensa (con firma de Associated Press) en la que se afirmaba que el catolicismo había manejado el marketing mejor que el judaísmo, “liderando cruzadas para que la gente actualizase” su religión.

Cuando el verano de 1995 agonizaba, la cadena americana Fox emitió un vídeo en blanco y negro que ya es un clásico: la autopsia del alienígena. Lo que en principio era la disección del extraterrestre que llegó a Roswell en 1947, al final fue una farsa grabada meses antes en un estudio londinense. El alien era de látex y sus entrañas de pollo. Más de mil millones de personas lo vieron durante uno de los veranos más aburridos que se recuerdan.

El legendario y veraniego incidente de Roswell (Nuevo México), en el que un ovni se pasó de frenada estrellándose contra el desierto y siendo capturado por las fuerzas especiales, coincide con los primeros avistamientos en la historia de España. En julio de 1947 la prensa se alimentó con los testimonios de militares que veían platillos en el Golfo de Vizcaya o en Balazote (Albacete). Si los alienígenas eligieron estas fechas para darse un paseo por nuestro planeta, está claro que sabían el provecho que podían sacar, a nivel de marketing, de la serpiente del verano, la silly season o, como se llama en otros países, la estación de los pepinillos (noticias que parecen ser un pepino y acaban en pepinillo).

No todo es paranormal, lo que predomina es más bien banal. Los últimos días de agosto de 2005 vieron colarse en los telediarios a 4 australianos arrestados por tallar 800 estatuas con droga o el concejal húngaro que pretendía legislar el largo de la minifalda. Chorradas puras y duras que persisten y se repiten, como la del rebaño de ovejas chilenas que acabó ante el juez por devorar una plantación de frijoles. Las malas artes del corta-y-pega han permitido que esta idiotez lleve más de seis veranos pululando por la Red.

La paradoja fatal llega cuando las serpientes del verano toman forma. El Monstruo del Lago Ness existe y lo que cayó en Roswell era un ovni. Ha pasado más veces. Como cuando se fundaron las primeras sectas satánicas (siglo XIX), tras mil años en los que el satanismo había sido la Serpiente del verano favorita del Vaticano.

O como cuando, a falta de otra cosa que publicar, alguien hablaba de una gran burbuja que iba a explotar. Nouriel Roubini lo clavó: corría 2006 cuando dijo que Grecia, España, Italia y Portugal tendrían que afrontar dolorosas reformas económicas o serían expulsadas de Europa. Pero en mitad de su discurso, el que entonces era ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, le mandó callar al grito de: “¡Vuélvete a Turquía!”. Y aunque era enero, aquello se convirtió en otra serpiente del verano y la burbuja siguió hinchándose, igual que las heridas acumulan pus antes de reventar.

Entretanto, seguimos pinchando sobre el contenido más “ligero”, “refrescante”, “desenfadado”… y otros vomitivos adjetivos. La serpiente se arrastra sobre su vientre y el Papa sigue mandando en Roma.

Maldita serás entre todos los animales. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Serás enemiga de la mujer y de sus hijos. Sus hijos te aplastarán la cabeza, pero tú les morderas el talón. (Génesis, 3:14-15)

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Miguel Calzada

Ojos que no ven: Pinterest

Solo valen las palabras. El resto es charlatanería (Eugène Ionesco).

Son cinco mil años de escribir letras para formar palabras que se encadenan en frases. Tan fácil como juntar la p con la a y decir papá, pero no todos los plumillas consiguen el Nobel ni todos los libros ser reeditados. Para leer los volúmenes escritos en estos cinco mil años harían falta nueve mil vidas (leyendo cada libro en 2 días y viviendo 80 años). En 2003 la Universidad de Berkeley estableció que la Humanidad había publicado 175 millones de títulos diferentes. En 2010 los ingenieros locos de Google hicieron sus cálculos y les salieron 130 millones. Según esto, en el mundo habría más libros que japoneses pero menos que rusos. Es un alivio.

Cuando nuestra nostalgia por volver a ser monos no podía ser mayor, al texto de toda la vida vino a sumarse el hipertexto. La maldita Red nos complicó la vida. Ya no podemos pasar página. Cada web tiene enlaces que llevan a otros textos que tienen enlaces que llevan a otras webs. Y así hasta el infinito. ¿Cuántas palabras se malgastan cada día en Internet? Tan sencillo como pulsar las teclas, juntar la m con la a y decir mamá.

El texto nos satura y las palabras son indigestas. Los gurús aseguran que cada vez soportamos menos los párrafos largos. En la Red son tabú los que tienen más de 10 líneas. En Twitter todo lo que pase de 140 caracteres no existe, aunque abundan los frustrados que plantan un enlace a su tweet alargado, en el que se explayan sin límites. El poder de síntesis nunca fue muy humano.

El advenimiento del nuevo Facebook está convirtiendo el corral más frecuentado por los hombres-mono en una realidad más visual. Grandes fotos de apertura personalizadas, imágenes que resuman nuestra vida como si fuese un álbum de familia. Si no pueden entrar por nuestro cerebro, un tanto oxidado, nos penetrarán por los ojos.

Y luego está la sensación del año, Pinterest, una red social para compartir imágenes que solo consiente breves anotaciones, haikus que se parezcan más al metalenguaje que a los discursos. Con un crecimiento espectacular, incluso alarmante, el único orden en el caos visual es el que los usuarios imponen con sus álbumes temáticos.

Los más populares son los que agrupan platos deliciosos, especialmente postres, lo que siempre se llamó “comer con los ojos”.  También son comunes los paisajes asépticos y perfectos, como un fondo de pantalla, algo bello pero insulso, perfecta metáfora de lo que  busca el mono tras saciar su hambre. Las empresas intentan meter mano animando subliminalmente a que creemos carpetas con nuestros productos favoritos: macabras galerías de zapatos, bolsos o el engañoso My Style, uno de los álbumes que nos aparece por defecto al registrarnos.

Pero como en toda fiesta, siempre hay algo que merece la pena. En Pinterest hay 767 posados de Marilyn Monroe en una sola pantalla, 141 grafitis que podrían estar en un museo, 97 boxeadores legendarios… ¿Cuántas imágenes pasan por nuestra retina cada día? Ni tan siquiera en Google se han atrevido a hacer el cálculo.

Tan sencillo como abrir los ojos y no decir nada. Siempre fue posible caminar en silencio y navegar sin pulsar una sola tecla, dejarnos llevar por las olas y el clic del ratón. ¿Cómo hacer para cruzar la ciudad sin ver los carteles publicitarios? Tendremos que volvernos insensibles a la imagen igual que al texto. Si no podemos leer ni 10 líneas, tampoco seremos capaces de asimilar 10 instantáneas.

Cinco mil años de juntar letras para que el hombre-mono termine compilando un álbum de plátanos. Cuando todo acabe, ¿recordaremos una sola palabra? ¿Habremos asimilado lo que significó Marilyn para nuestras mentes simiescas?

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