Letras que suenan

La cabeza de Paul

La cabeza de Paul

Nueva entrada de Letras Que Suenan en la web del sociólogo y crítico de arte Nicola Mariani.

A Paul Mc Cartney le cortaron la cabeza hace 46 años y desde entonces está algo cambiado. Se mira en el espejo y ya no es él, es otro. Concretamente, William Campbell. Si estás cansado de ser un Beatle, pincha aquí.

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Miguel Calzada

El síndrome del quinto Beatle

Nadie se acuerda de Pete Best, el quinto Beatle, batería durante los dos primeros años de vida del grupo. Estaba allí cuando Lennon y McCartney compusieron “Love Me Do“. Compartió con los futuros gurús del pop sus primeros compases, del 60 al 62, en el Cavern de Liverpool y Hamburgo. Cuando el grupo despegaba, tras firmar su primer contrato con una discográfica, Best fue sustituido por Ringo Starr. Se quedó fuera. “Sabía que serían un éxito. Me daba cuenta. Todos nos dábamos cuenta… Sabía que me perdería toda la diversión”, dijo Best hace unos años.

El síndrome de Pete Best es un mal común. Dick Rowe, cazatalentos de la discográfica Decca, rechazó a los Beatles. Les hizo una prueba y pensó que no tenían futuro. “Los grupos de guitarras están acabados”, sentenció. Un año más tarde eran número uno con “Please Please Me“. En 1876, William Orton presidía la inmensa Western Union, el telégrafo norteamericano. Un escocés de apellido Bell le ofreció la patente de un nuevo invento: el teléfono. Le pidió 100.000 dólares a cambio de su idea (en realidad no era suya, se la había robado al italoamericano Meucci). Le propuso instalar teléfonos en todas sus líneas de telégrafos, y convertirse así en el magnate de una nueva tecnología. Orton respondió: “No tiene interés comercial. ¿Qué podría hacer nuestra compañía con ese juguete eléctrico?”. Hoy la empresa de Alexander Graham Bell se llama AT&T y es la telefónica más importante de América.

Los aquejados por el terrible síndrome tienen miedo a decir no. Nunca sabes lo que te vas a perder. Las burbujas tecnológicas tienen mucho de Pete Best. En el año 2000, si no estabas en Internet y en la Nueva Economía te perdías el negocio del nuevo siglo. Pero en pocos meses quebraron 5.000 empresas, las acciones se volatilizaron y resultó que el grupo por el que se había apostado no eran precisamente los Beatles. A nadie le pareció raro invertir los ahorros en Pets.com, una tienda de accesorios para mascotas que gastó millones en publicidad sin recibir nada a cambio. Últimamente se habla de la burbuja 2.0: si no estás en las redes sociales, perderás el tren del futuro. Y las empresas, temerosas de quedarse fuera de las listas de éxitos, se sumergen en el 2.0 mientras tararean “She Loves You“. Todo el mundo busca el caballo ganador, que a veces tiene cara de Bill Gates y otras de Bernie Madoff.

Pero también existe el síndrome Harrer, el periodista alemán que fundó el partido nazi. Karl Harrer quería que su partido fuera igual que su sociedad esotérica, la Sociedad Thule, una hermandad secreta interesada por el ocultismo, Hiperbórea y el Santo Grial. Soñaba con un partido minoritario en el que desvariar sobre la supremacía racial, pero un joven Adolf Hitler apareció con su teoría del partido de masas y forzó la salida de Harrer en 1920. Sin saberlo, Harrer perdía el tren que llevaba hacia un puesto de mando en Auschwitz, Treblinka o Dachau. Antes de ser olvidado, Harrer llamó “megalómano” a Hitler. A todos les pareció que exageraba.

Miedo a convertirse en el quinto Beatle… o en el enésimo Adolf. ¿Qué es acertar? ¿Y en qué consiste equivocarse? Lennon se divirtió pero al final le pegaron un tiro; Pete Best es un ser anónimo que ha tenido una vida tranquila. Siempre se ha dicho que le echaron de los Beatles porque era demasiado guapo y provocaba los celos de Paul y John. Ahora se dedica a tocar la batería en convenciones de fans.

“Me echaron y dijeron que no era buen batería, que era antisocial, que no les gustaba mi pelo…”.

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Miguel Calzada

Cómo desaparecer sin dejar huella: el modelo Elvis

Las mejores historias del mundo son en realidad una sola historia: la historia de una huida. Es lo único que nos interesa en todo momento: cómo escapar. (Walter Bagehot)

Es difícil escapar a la tentación de desaparecer, desvanecerse para abandonar los problemas y el tedio. Las historias más famosas son las de famosos hartos de su fama, que emprenden la huida siguiendo el modelo Elvis, de quien todavía se dice que vive en una isla o que trabaja como agente de la DEA. A veces es posible desaparecer y seguir presente, como la teoría de la muerte de Paul McCartney en 1966 y su sustitución desde entonces por un doble llamado William Campbell.

Quizás el primer famoso en desaparecer, para gran conmoción de sus fans, fue el profeta Elías, arrebatado hacia los cielos por “un carro de fuego”. Al igual que con la muerte de Elvis, nadie quedó satisfecho: se dijo que tendría que regresar en el futuro como precursor del Mesías, y los ufólogos hablan de la primera abducción de la historia. En la Pascua judía se deja una silla libre para Elías, por si aparece.

También hay desapariciones colectivas, como la de la tripulación del barco Mary Celeste, que en 1872 zarpó de Nueva York con un cargamento de alcohol. Otro barco lo encontró flotando plácidamente en el Atlántico, sin daños y con el cargamento intacto. Solo faltaban los marineros y el capitán, de los que nunca más se supo. La prensa hizo negocio con el último revival del kraken, calamar mitológico gigantesco que habría raptado a la tripulación con sus largos tentáculos.

El guitarrista de un grupo del que casi nadie se acuerda, los Manic Street Preachers, desapareció en 1995 y nunca se ha encontrado su cadáver. Se llamaba Richey James y su rastro se perdió tras abandonar su coche en un área de servicio. Sus fans aseguran haberle visto en Canarias y en la India, llevando una plácida vida hippie.

Hasta Scotland Yard llegó a creer que Richey James no estaba muerto sino de parranda, pues sus amigos declararon que llevaba tiempo fantaseando con la idea de la desaparición perfecta, algo que al parecer también hizo Michael Jackson en los meses previos a su muerte.

Dicen que hasta los libros van a desaparecer (y hay quien los fabrica para que desaparezcan según los lees), y muchos empresarios en quiebra siguen los consejos de este libro: La estrategia de la cucaracha: cómo desaparecer cuando se encienden las luces. En Estados Unidos, donde desaparecer es algo respetable, un ex cazarrecompensas ha montado un negocio para ayudarte a escapar y existen webs con consejos para hacerlo sin dejar huella.

El primero es: “Comprender de qué o quién te escondes”.

Pese a que sabemos que Elvis no se cuidaba y que el área de servicio donde se encontró el coche de Richey James está al lado de un puente frecuentado por suicidas, queremos creer en la posibilidad de la huida. Para el que quiera desaparecer como Elías, en el desierto, en Vanishing Point dan el consejo fundamental: “Escóndete del sol”.

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