Miguel Calzada

Ojos que no ven: Pinterest

Solo valen las palabras. El resto es charlatanería (Eugène Ionesco).

Son cinco mil años de escribir letras para formar palabras que se encadenan en frases. Tan fácil como juntar la p con la a y decir papá, pero no todos los plumillas consiguen el Nobel ni todos los libros ser reeditados. Para leer los volúmenes escritos en estos cinco mil años harían falta nueve mil vidas (leyendo cada libro en 2 días y viviendo 80 años). En 2003 la Universidad de Berkeley estableció que la Humanidad había publicado 175 millones de títulos diferentes. En 2010 los ingenieros locos de Google hicieron sus cálculos y les salieron 130 millones. Según esto, en el mundo habría más libros que japoneses pero menos que rusos. Es un alivio.

Cuando nuestra nostalgia por volver a ser monos no podía ser mayor, al texto de toda la vida vino a sumarse el hipertexto. La maldita Red nos complicó la vida. Ya no podemos pasar página. Cada web tiene enlaces que llevan a otros textos que tienen enlaces que llevan a otras webs. Y así hasta el infinito. ¿Cuántas palabras se malgastan cada día en Internet? Tan sencillo como pulsar las teclas, juntar la m con la a y decir mamá.

El texto nos satura y las palabras son indigestas. Los gurús aseguran que cada vez soportamos menos los párrafos largos. En la Red son tabú los que tienen más de 10 líneas. En Twitter todo lo que pase de 140 caracteres no existe, aunque abundan los frustrados que plantan un enlace a su tweet alargado, en el que se explayan sin límites. El poder de síntesis nunca fue muy humano.

El advenimiento del nuevo Facebook está convirtiendo el corral más frecuentado por los hombres-mono en una realidad más visual. Grandes fotos de apertura personalizadas, imágenes que resuman nuestra vida como si fuese un álbum de familia. Si no pueden entrar por nuestro cerebro, un tanto oxidado, nos penetrarán por los ojos.

Y luego está la sensación del año, Pinterest, una red social para compartir imágenes que solo consiente breves anotaciones, haikus que se parezcan más al metalenguaje que a los discursos. Con un crecimiento espectacular, incluso alarmante, el único orden en el caos visual es el que los usuarios imponen con sus álbumes temáticos.

Los más populares son los que agrupan platos deliciosos, especialmente postres, lo que siempre se llamó “comer con los ojos”.  También son comunes los paisajes asépticos y perfectos, como un fondo de pantalla, algo bello pero insulso, perfecta metáfora de lo que  busca el mono tras saciar su hambre. Las empresas intentan meter mano animando subliminalmente a que creemos carpetas con nuestros productos favoritos: macabras galerías de zapatos, bolsos o el engañoso My Style, uno de los álbumes que nos aparece por defecto al registrarnos.

Pero como en toda fiesta, siempre hay algo que merece la pena. En Pinterest hay 767 posados de Marilyn Monroe en una sola pantalla, 141 grafitis que podrían estar en un museo, 97 boxeadores legendarios… ¿Cuántas imágenes pasan por nuestra retina cada día? Ni tan siquiera en Google se han atrevido a hacer el cálculo.

Tan sencillo como abrir los ojos y no decir nada. Siempre fue posible caminar en silencio y navegar sin pulsar una sola tecla, dejarnos llevar por las olas y el clic del ratón. ¿Cómo hacer para cruzar la ciudad sin ver los carteles publicitarios? Tendremos que volvernos insensibles a la imagen igual que al texto. Si no podemos leer ni 10 líneas, tampoco seremos capaces de asimilar 10 instantáneas.

Cinco mil años de juntar letras para que el hombre-mono termine compilando un álbum de plátanos. Cuando todo acabe, ¿recordaremos una sola palabra? ¿Habremos asimilado lo que significó Marilyn para nuestras mentes simiescas?

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