Miguel Calzada

La pesadilla del SEO

Lo llaman SEO y está en boca de todos. A algunos les provoca sueños húmedos. A otros, noches en vela.

Hablamos de tunear Google, de hacer que tu página sea más fácil de encontrar que otras, de los millones de dólares, euros y yenes que persiguen los millones de webs del triste mundo.

Todo empieza con un sueño que acaba mal.

Buscando a Señor Muñoz

El Señor Muñoz vive en Marbella y tiene una pesadilla recurrente: se despierta y Google ha cambiado el algoritmo. Su profesión ha dejado de existir.

A Fernando Muñoz (Marbella, 1977) te le encuentras siempre que se habla seriamente de SEO, pero nunca consigue ocultar su jovialidad contagiosa. Profesor en los dos únicos Master sobre SEO de España, entre sus clientes ha contado con nombres como Terra, Halcón Viajes, Direct Seguros, ALSA o el grupo El Fuerte.

Este hombre que en su luna de miel se fue a California para visitar la sede de Google, tiene una labia poco habitual en su tribu (es ingeniero informático), lo que le abre las puertas de todo tipo de congresos y eventos. Le encontramos en mitad de uno de ellos, en la terraza de un hotel madrileño y en plena ola de calor. Tras romper el hielo con unos vasos llenos de cubitos, hablamos de SEO, tres siglas (Search Engine Optimization) que mueven millones y prometen aupar tu web a los primeros puestos de Google.

  • En Madrid hace calor pero el Señor Muñoz tiene sudores fríos. Ayer concluyó el último cambio de algoritmo de Google. El omnisciente buscador trastoca su robot en navidades y verano, haciendo cundir el pánico entre los expertos SEO de todo el mundo.

Claro que cunde el pánico. Imagínate una web que está ganando un millón al día. Y de repente deja de salir entre los primeros resultados de Google y no gana nada. Cero euros al día.

  • ¿Hablar de SEO es hablar de Google?

El SEO es posicionarte en cualquier buscador. SEO también es que si alguien teclea tu profesión en el buscador de LinkedIn, tu curriculum aparezca el primero. Hay países como Rusia o China con buscadores autóctonos muy fuertes, pero aquí Google controla el 98% del mercado… así que hablamos fundamentalmente de Google.

  • Cuando tu madre te pregunta a qué te dedicas, ¿qué dices?

Mi trabajo es que mis clientes tengan un escaparate en todas y cada una de las calles de Internet. Si alguien te está buscando, yo hago que te encuentren.

  • En 2008 Fernando Muñoz se transmutó en el Señor Muñoz. Hasta entonces era un ingeniero al que no enseñaron nada sobre SEO en la Universidad, por la simple razón de que esa materia aún no existía.   

Terminé la carrera y me puse a trabajar en Internet con el grupo hotelero El Fuerte. Allí aprendí la importancia del SEO. En 2008 monté mi empresa y tuve que elegir un nombre. Mi padre era maestro y le llamaban Don Fernando. A mí Don Fernandito. No quería ser impersonal, no quería ser consultorseo.com. Se me ocurrió Señor Muñoz. Ya nunca podrán decir que no soy un señor en los negocios.

  • Cuéntanos la historia de los buscadores de Internet en menos de 100 palabras.   

Al principio en Internet no se buscaba. Se ordenaba como en una biblioteca. Una web estaba solo en una estantería: una web de fútbol solo podía ser eso y no otra cosa. Para posicionarte bien debías tener una empresa que empezase por A. Luego, en torno a 1996, en la era de Altavista, aparecieron webs más “buscables”. Entonces hacer SEO era poner muchas veces una palabra clave. Si tu web iba de fútbol, tenías que poner la palabra balón más veces que la competencia.

  • Hasta que llegó Google…

Cambiaron todo con un nuevo concepto: dar popularidad a una web basándose en el número de referencias que tiene. A partir de entonces una página se posiciona gracias a un buen contenido y a que otras webs la mencionen.

  • ¿Cómo puede un robot saber lo que es un buen contenido?

Porque un contenido de calidad recibirá muchas referencias, muchos enlaces.

  • Eso solo es así si crees que calidad es popularidad…

Las redes sociales son un ejemplo: una noticia de ocio siempre se comparte más que una de pena. ¿Significa que la noticia de pena es mala? No, es que en una red social tú no entras a tener pena. Pero desde luego la calidad es algo más que su popularidad. En Google también lo saben y están rebajando la importancia de los enlaces para dar más peso a la opinión de internautas especializados en el tema del que trata esa noticia en concreto.

  • El SEO mueve millones y al mismo tiempo decimos que en Internet todo es gratis. ¿Dónde está el truco?

Lo que vale dinero son los datos. De ahí el gran escándalo por lo de Wikileaks, Snowden… Cuantos más datos tengas, más poder tienes. Cuando algo es gratis es porque el producto eres tú. Si Facebook es gratis, es porque te usan a ti para mostrar sus anuncios. Si tú tienes Google sin pagar, es porque te utilizan para ponerte publicidad en función de tus búsquedas. Si en Internet casi todo es gratis es porque tus datos personales son el producto.

  • Tu vínculo con Google llega hasta el punto de hacer una paradita durante tu luna de miel para visitar su sede. ¿Cómo vives esta relación?

Es una relación de amor/odio. Si yo como es gracias a ellos, pero sufro cada vez que introducen cambios. En mi viaje de novios pasé por allí, me hice mis fotos… Pero es un sitio de trabajo, no puedes llegar y decir: “Hola, ¿está el señor Google?, que se ponga, que quiero ver el algoritmo”.

  • El famoso algoritmo, la fórmula de la Coca-Cola en versión SEO.

Nadie lo ha visto nunca, y quien te diga lo contrario miente. Así que no sabemos a ciencia cierta en qué se fija Google para ordenar las búsquedas. Solo podemos hacer pruebas, ver qué cosas parece premiar o castigar… Puedes consultar la patente del algoritmo original, pero desde entonces ha habido muchísimos cambios. Porque Google aprende de lo que hacemos, de cómo buscamos.

  • Muchos dicen que quien escribe para Internet debe cambiar su forma de redactar para posicionar mejor sus contenidos.

Un buen profesional nunca va a decirte que escribas en plan SEO. Eso sería escribir para una máquina y es lo peor para el lector. Mejor pregúntate: ¿por qué palabras quiero posicionarme? Pon esas palabras en el titular y en la entradilla. Pregúntate incluso si te interesa posicionarte, porque quizás puedas vivir sin Google. Una vez tengas las respuestas, no hay misterio. Engancha al usuario con un buen titular y una buena entradilla. Lo que nunca hay que hacer es escribir para un robot. Te van a leer personas. Y si tu contenido es una porquería, puedes tener a esa persona una vez, dos veces… pero a la tercera ya no va a pinchar en tu página porque sabe que haces porquerías.

  • En plena crisis se nos bombardea con el mensaje: si está en el paro, emprenda usted. ¿Cómo te lo explicas?

El estado de un autónomo es ideal para cualquier Gobierno. Estás pagando y lo estás pagando bien… Si te pones malo no tienes ninguna cobertura. Si te quedas en paro, tampoco. Si consigues jubilarte, no vas a tener una pensión alta. Les interesa que haya más autónomos. Haciendo cálculos me sale que para ganar 600 euros tengo que facturar 1.300. Les salgo a cuenta.

  • ¿El futuro no es un país de emprendedores?

No todo el mundo puede ser emprendedor. No puedes cambiar el modelo productivo simplemente diciendo: haceros emprendedores. No, vamos a ver, yo me hago emprendedor pero antes tú me das formación. Es una cuestión de cultura y de aversión al riesgo. Yo, por ejemplo, no valgo para escalar. Y aunque tú me digas muchas veces que suba esa montaña, voy a seguir pegándome los mismos pellejazos.

  • Las start-ups en Internet son la reina del baile. Se habla de sus éxitos, ¿qué hay de los fracasos?

Hay mucha gente pegándose batacazos, pero eso no te lo cuentan. Lo que te dicen es que en Internet se vende mucho. Que Facebook vale más que todas las empresas del Ibex 35 juntas. Se crea un aura de romanticismo. Te dicen que Google nació en un garaje. Vale, tío, nació en un garaje gracias a dos de los mejores ingenieros del MIT trabajando horas y horas en un proyecto de fin de carrera dirigido por los mejores académicos de la Universidad. No fue una casualidad. Y lo que es más importante: cuando empezaron no pensaban “voy a hacerme emprendedor”.

  • Volvamos a la pesadilla: ¿y si desaparece tu profesión?

Por el bien de mi hijo, espero que no. Pero los usuarios de Internet somos tremendamente infieles. Si algo nos deja de ser útil, lo abandonamos. Y si un día Google desaparece, lo que yo hago se desvanece. Quizás no sea de un día para otro, pero puede pasar. Google no existía hasta 1997, Facebook no existía hasta 2004, Twitter no existía hasta 2006…

El Señor Muñoz repasa cifras y cuadra sus cuentas. El apocalipsis puede ocurrir cualquier día, pero no hoy. Google sigue reinando y él sigue encontrando lo que buscaba.

 

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Miguel Calzada

Ojos que no ven: Pinterest

Solo valen las palabras. El resto es charlatanería (Eugène Ionesco).

Son cinco mil años de escribir letras para formar palabras que se encadenan en frases. Tan fácil como juntar la p con la a y decir papá, pero no todos los plumillas consiguen el Nobel ni todos los libros ser reeditados. Para leer los volúmenes escritos en estos cinco mil años harían falta nueve mil vidas (leyendo cada libro en 2 días y viviendo 80 años). En 2003 la Universidad de Berkeley estableció que la Humanidad había publicado 175 millones de títulos diferentes. En 2010 los ingenieros locos de Google hicieron sus cálculos y les salieron 130 millones. Según esto, en el mundo habría más libros que japoneses pero menos que rusos. Es un alivio.

Cuando nuestra nostalgia por volver a ser monos no podía ser mayor, al texto de toda la vida vino a sumarse el hipertexto. La maldita Red nos complicó la vida. Ya no podemos pasar página. Cada web tiene enlaces que llevan a otros textos que tienen enlaces que llevan a otras webs. Y así hasta el infinito. ¿Cuántas palabras se malgastan cada día en Internet? Tan sencillo como pulsar las teclas, juntar la m con la a y decir mamá.

El texto nos satura y las palabras son indigestas. Los gurús aseguran que cada vez soportamos menos los párrafos largos. En la Red son tabú los que tienen más de 10 líneas. En Twitter todo lo que pase de 140 caracteres no existe, aunque abundan los frustrados que plantan un enlace a su tweet alargado, en el que se explayan sin límites. El poder de síntesis nunca fue muy humano.

El advenimiento del nuevo Facebook está convirtiendo el corral más frecuentado por los hombres-mono en una realidad más visual. Grandes fotos de apertura personalizadas, imágenes que resuman nuestra vida como si fuese un álbum de familia. Si no pueden entrar por nuestro cerebro, un tanto oxidado, nos penetrarán por los ojos.

Y luego está la sensación del año, Pinterest, una red social para compartir imágenes que solo consiente breves anotaciones, haikus que se parezcan más al metalenguaje que a los discursos. Con un crecimiento espectacular, incluso alarmante, el único orden en el caos visual es el que los usuarios imponen con sus álbumes temáticos.

Los más populares son los que agrupan platos deliciosos, especialmente postres, lo que siempre se llamó “comer con los ojos”.  También son comunes los paisajes asépticos y perfectos, como un fondo de pantalla, algo bello pero insulso, perfecta metáfora de lo que  busca el mono tras saciar su hambre. Las empresas intentan meter mano animando subliminalmente a que creemos carpetas con nuestros productos favoritos: macabras galerías de zapatos, bolsos o el engañoso My Style, uno de los álbumes que nos aparece por defecto al registrarnos.

Pero como en toda fiesta, siempre hay algo que merece la pena. En Pinterest hay 767 posados de Marilyn Monroe en una sola pantalla, 141 grafitis que podrían estar en un museo, 97 boxeadores legendarios… ¿Cuántas imágenes pasan por nuestra retina cada día? Ni tan siquiera en Google se han atrevido a hacer el cálculo.

Tan sencillo como abrir los ojos y no decir nada. Siempre fue posible caminar en silencio y navegar sin pulsar una sola tecla, dejarnos llevar por las olas y el clic del ratón. ¿Cómo hacer para cruzar la ciudad sin ver los carteles publicitarios? Tendremos que volvernos insensibles a la imagen igual que al texto. Si no podemos leer ni 10 líneas, tampoco seremos capaces de asimilar 10 instantáneas.

Cinco mil años de juntar letras para que el hombre-mono termine compilando un álbum de plátanos. Cuando todo acabe, ¿recordaremos una sola palabra? ¿Habremos asimilado lo que significó Marilyn para nuestras mentes simiescas?

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Miguel Calzada

Lo que la gente busca en Internet: la lucha de Anderson contra McGovern

La Red es una maraña de páginas imposible de descifrar. Es más fácil saber cuántas estrellas hay en el cielo que el número de webs del ciberuniverso. Pese a que los buscadores indexan miles de millones, la mayoría están vacías o inactivas. Basura espacial que flota a la deriva. Netcraft lucha por un censo más serio: cada mes envían un mensaje al cibercosmos y toman nota de los que responden. En enero de 2012 cuentan 582.716.657 páginas.

Sabemos que las personas usan buscadores para encontrar su particular aguja en el pajar. También sabemos lo que buscan: en 2011 muchos han enloquecido con esta canción ñoña y la fatal mezcla “Elecciones” y “Bankia” ha dominado el panorama español.

Lo que no sabemos es por qué la gente busca lo que busca. Chris Anderson, antiguo periodista de The Economist y redactor jefe de la excelente Wired, dice que en Internet hay sitio para todos. Dice que “el futuro de los negocios es vender menos cantidad de más cosas“. Nadie controla la Red, que poco tiene que ver con la tele o la radio, donde un número limitado de emisoras decide lo que existe y lo que no. En Internet una tendencia marginal puede convertirse en trending topic y las minorías pueden conquistar el mundo.

Anderson llama a su teoría la “larga cola” y pone como ejemplo Amazon: venden pocos ejemplares de cada libro, pero se hacen ricos porque venden muchos libros diferentes. En lugar de centrarse solo en bestsellers (Dan Brown y Harry Potter, según estadísticas Nielsen 1998-2010), se preocupan por contentar también a los fans de chalados como Milton William Cooper. En Internet se refugian los marginados, y cuando se encuentran descubren que son muchos.

El irlandés Gerry McGovern, otra autoridad en la materia, dice que Anderson se equivoca. Los contenidos de culto están sobrevalorados, ya que según sus datos al final todo el mundo busca lo mismo. Sota, caballo y rey: el 25% de los internautas está buscando ese 5% de cosas simples pero indispensables (como comprar un billete de avión o saber si han matado al presidente). McGovern cree que la “larga cola” de Anderson está muerta: allí se encuentran un 60% de las webs, pero solo un 20% de internautas las visitan.

Si creemos a McGovern, con la “larga cola” pasa un poco como con el típico canal televisivo de temas culturales: todo el mundo lo elogia pero al final nadie lo ve. ¿Qué sentido tiene, se pregunta McGovern, gastar esfuerzos en nichos minoritarios que jamás nos darán de comer? Lo que hay que hacer es ser los mejores en las cosas simples. Si casi todo el mundo quiere almorzar un bocata de chorizo, ¿por qué perder el tiempo preparando canapés?

Nadie sabe qué quiere la gente de la Red, pero conviene tener en cuenta que Anderson trabaja en una revista especializada (la Biblia geek) y que McGovern asesora a webs de comercio electrónico. Tiene pinta de que cada uno ha visto lo que estaba mirando. Es lo bueno de Internet: lo más probable si buscas algo es que lo encuentres.

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Miguel Calzada

Tengo un plan para conquistar el mundo

Hay que estar en todas partes, abarcarlo todo, ser ubicuo. Esta es la fantasía maximalista de las empresas que se reparten la Red en feudos dominados con mano de hierro. Se la reparten porque no hay más remedio, pero lo que realmente quieren es poseerla en exclusividad, no dejar hueco ni migajas para ningún competidor. Es un pensamiento extraño el de querer abarcar algo que no tiene límites. Es como cuando en el colegio nos explicaban que Hitler creía que iba a conquistar el Mundo, todo el planeta, de Tokio a San Francisco.

Todo el mundo tiene un plan para conquistar el Universo. Un puñado de marcas invierten para que tú creas en ellas, para que tengas fe y te conviertas en seguidor y difusor, evangelizador de la nueva era. Solo puede haber un Dios y la manera de expandirse es convertir o aniquilar a los infieles. Igual que solo puede haber un libro sagrado, el Libro, los talibanes de Silicon Valley creen que solo puede quedar Uno. Estos son sus delirios de grandeza:

  • Google: Su logo aparece en la mayoría de ordenadores cuando se conectan a Internet. La puerta de entrada a la Red es este buscador basado en un revolucionario algoritmo. El Buscador, solo puede haber uno. ¿Cómo comprender la maraña infinita de informaciones sin esa simple cajita de texto en la que escribir nuestras coordenadas? Pero no basta, ni siquiera esto es suficiente para el hambre voraz de la compañía de Mountain View (California), que crece devorando lo que encuentra a su paso.

Tienen YouTube porque quieren ser la nueva Televisión. Tienen Gmail para gestionarte el correo. Controlan la publicidad online con AdWords y AdSense. Recopilan todas las noticias del mundo en Google News. Tienen editores de imágenes como Picasa y Picnik. Tienen el mayor servidor de blogs (Blogger). Tienen calendarios, herramientas de analítica web y un navegador (Chrome) que no cesa de recibir elogios. Incluso han reproducido al detalle el mundo real a través de Google Earth, Google Maps y Street View. Arrastran un expediente de fracasos en las redes sociales, con los intentos fallidos de Orkut, Buzz y Google Wave. Ahora lo intentan con Google+. Su peor pesadilla se llama Mark Zuckerberg y lo que más les duele es que les repitan que son una pandilla de ingenieros inadaptados, un grupo aislado de matemáticos que jamás conseguirá entender a la gente normal ni salir de sus cubículos.

  • Facebook: Estaban en Palo Alto pero se mudan a Menlo Park, siempre en California, donde el cerebrito Zuckerberg podrá seguir ideando maneras de desbancar a Google. No todo el mundo entra en la Red a través de El Buscador. Cada vez hay más gente que entra a través de Facebook, que es La Red Social, la única que puede y debe existir. Con Facebook todo son grandes potenciales por desarrollar. Está por ver si conquistan el mundo o terminan como Hitler. Tienen un servicio de mensajería que podría sustituir al e-mail. Tienen un servicio de geolocalización que podría sustituir a Foursquare y Gowalla. Podrían hacerse con el control de la tarta publicitaria. Y tienen un buscador que podría sustituir a Google (¡blasfemia!), incorporando los “megusta” de tus amigos.

¿Es descabellado pensar en Facebook como protagonista de la revolución 3.0, la Red inteligente que sabrá lo que te va a gustar incluso antes de que lo sepas tú? Quizás, pero a Google le ha entrado miedo y ha copiado el “megusta” con su nuevo botón +1. En Facebook lo que les gusta es ir en chanclas y presumir de que son psicólogos alternativos, científicos sociales, verdaderos conocedores del pueblo llano, al que lo único que le importa es el sexo (“tienes una relación sentimental complicada“). Pese a este perfil, últimamente mantienen relaciones con Microsoft, que es la mismísima Iglesia Católica de este nuevo mundo.

  • Microsoft: No hay más Dios que mi Windows y Bill Gates es su profeta. Dicho así, suena viejo, caduco, desfasado. Al igual que el Vaticano, Microsoft se acomodó y perdió fieles. Fueron el Sistema con sus sucesivos Windows, el Correo con Hotmail, el Chat con Messenger y el Navegador con Explorer, pero el tiempo y el rencor extendió la idea de que eran también el Enemigo. No es fácil ser el hombre más rico del mundo. Cualquier cosa que fuese contra Microsoft era alternativa y digna de elogios. Así que la compañía de Redmond (cerca de Seattle, los únicos de la baraja que no están en California), empezó su particular Contrarreforma.

Entraron con éxito en el universo de las videoconsolas con Xbox, crearon Bing, un buscador que quizás (un remoto quizás) pueda plantarle cara a Google, y ahora prometen una red social de horroroso nombre, Tulalip. Tienen fama de haberse quedado anticuados, viviendo en un mundo que poco a poco empieza a resquebrajarse. Llevan camisas almidonadas y son respetables padres de familia. Compran Skype, el Teléfono online, y se lo ofrecen a Zuckerberg para que lo incorpore a su Facebook. La alianza entre tan dispares elementos se consolida porque los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Si tengo fama de carroza (Microsoft), me conviene que me vean en compañía de jovencitos (Facebook). Y si odias profundamente a Google (Facebook), lo lógico es acurrucarse bajo la amplia sombra de la primera y más potente Iglesia: Microsoft.

  • Apple: Desde el principio, una minoría afirmaba que Bill Gates no era Jesucristo sino Judas. Eran pocos pero cargados de fe. Confiaban en que algún día la Historia se pondría de su parte. La gran escisión protestante del mundillo tiene su sede en Cupertino (California) y sigue con fervor a su profeta alternativo: Steve Jobs. En tiempos de sufrimiento y persecución mantuvieron el tipo con sus Macintosh, una especie de Resistencia. Se hicieron amigos de los revolucionarios lanzando vivas al software libre y comparando a Microsoft con El Gran Diablo Blanco.

Fueron los primeros sorprendidos al ver que sus profecías eran correctas: su profeta resultó ser Dios en la tierra. Sumido en el lento martirio de un cáncer de páncreas, Steve Jobs inventó primero el iPod, después el iPhone y finalmente el iPad, tres artilugios que lo cambiaron todo. El triunfo les hizo olvidar el software libre y construyeron un ecosistema cerrado en el que solo los usuarios de Apple podían vivir. Dispositivos sin orificios ni conexiones, agenda propia y una manzanita mordida tatuada en cada rincón. Sueñan con acapararlo todo, con que navegues con su Safari y dependas de iTunes para toda la música y vídeo que quieras consumir. Insisten en que la Televisión online (la única que sobrevivirá al Apocalipsis) será suya. Los expertos dicen que no tienen los mejores cacharros pero sí el mejor diseño, lo que es otra manera de decir que es una cuestión de fe. La manzana es la nueva cruz para la comunidad de iluminados que cree en un Más Allá absolutamente táctil.

¿Quién ganará? Cualquier conquista es efímera, que se lo pregunten a Nabucodonosor, Alejandro Magno, Napoleón, Hitler… Mientras tanto, los pobres mortales contemplamos sus guerras, compramos sus productos y nos quedamos mirando, esperando el Milagro.

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Miguel Calzada

Internet como bola de cristal

Llevamos siglos buscando el artilugio que nos sirva para TODO. El objeto mágico que nos otorgue el poder, el saber y la felicidad. En épocas medievales soñábamos con bolas de cristal para ver el mundo, pero ya hace tiempo que tenemos Internet, bolondrio descomunal desde el que nos asomamos a la realidad. En las historias de bolas de cristal el que la usa suele acabar consumido por ella, enloquecido, succionada toda su energía vital por los espíritus.

Desde siempre hemos soñado con el arma definitiva para destruir a nuestros enemigos (catapultas, cañones, armas químicas), pero ya hace tiempo que tenemos la bomba atómica, garantía de que los tiranos del mundo pueden enfadarse mucho pero sin llegar a pegarse demasiado, porque si lo hacen, se acabó todo. En cuanto a la felicidad, nos da por pensar que radica en tener amor y muchos amigos, y ya hace tiempo que disfrutamos de ingenios demoniacos como Facebook, Tuenti o, peor aún, Meetic.

El dispositivo-para-todo es una fantasía que alimenta nuestra imaginación con un combustible antiguo, el de la Piedra Filosofal o el Áuryn, hallazgos legendarios que cumplirán todos nuestros deseos. Los fabricantes de tecnología nos estimulan con estos mitos y seguramente ellos mismos creen que, tarde o temprano, conseguirán encontrar el Santo Grial del ocio, el cacharro que absorba nuestro tiempo de una vez por todas. A día de hoy, El Artilugio es el iPad, la tableta mágica. No es grande ni pequeña, es fácil de usar, tiene conexión a Internet, está de moda… Si naciese un hijo bastardo del iPad y el iPhone (con todas las posibilidades de los telefonillos inteligentes), estaríamos más cerca de la bola de cristal. Apple no ha anunciado nada de esto, aunque sí pequeños frankensteins como el iPad2.

La compañía de la manzana mordida (sucumbir a la tentación nunca sale gratis) tendrá que enfrentarse en 2011 a los mil y un competidores que sacarán tabletas al mercado, muchas de ellas más baratas que el iPad y mejores técnicamente. Motorola, Lenovo, Cisco, HP, Blackberry… La lista de los que han anunciado tablets revolucionarios es tan larga como la de los enemigos de Nixon, y no vale tirarles la bomba atómica.

A falta de algo mejor, la felicidad tendremos que buscarla en las redes sociales, donde pueden predecirse al menos un millón de intentos de golpes de Estado que desbanquen a Facebook, probablemente una sucesión de fracasos, como el que lleva anunciando Google desde hace una eternidad.

Tendremos tanto espacio disponible que el problema será encontrar el conocimiento suficiente para llenarlo. Ahora se lleva salvar nuestros archivos e informaciones en la Red, en la Nube, en la Bola, para no ocupar nuestra pobre y escasa memoria (la del iPad no da para mucho). Aun así, en 2011 se esperan discos duros de 3 terabytes, 300.000 veces más amplios que los de 10 megas con los que empezó todo. Y procesadores que transmitirán hasta 6 gigabits de datos por segundo. ¿Terminaremos succionados por tanto frenesí?

Faltan los videojuegos, el ocio puro y duro que invade tanto las tabletas como los móviles y cualquier dispositivo electrónico que se precie. Los reyes de las videoconsolas (Nintendo, Microsoft, Sony) se han enzarzado en una guerra por sustituir los mandos tradicionales . Ya no habrá botones, sino que los movimientos de nuestro propio cuerpo manejarán nuestro tiempo libre.

Introduzca TODO esto en un solo cacharro, más la inevitable publicidad, que enturbiará siempre nuestra imperfecta bola de cristal, y el resultado puede ser cualquier cosa, desde otro chasco industrial a la explosión tecnológica que cambie para siempre nuestra manera de buscar la felicidad, el saber, el poder.

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