Miguel Calzada

Internet como bola de cristal

Llevamos siglos buscando el artilugio que nos sirva para TODO. El objeto mágico que nos otorgue el poder, el saber y la felicidad. En épocas medievales soñábamos con bolas de cristal para ver el mundo, pero ya hace tiempo que tenemos Internet, bolondrio descomunal desde el que nos asomamos a la realidad. En las historias de bolas de cristal el que la usa suele acabar consumido por ella, enloquecido, succionada toda su energía vital por los espíritus.

Desde siempre hemos soñado con el arma definitiva para destruir a nuestros enemigos (catapultas, cañones, armas químicas), pero ya hace tiempo que tenemos la bomba atómica, garantía de que los tiranos del mundo pueden enfadarse mucho pero sin llegar a pegarse demasiado, porque si lo hacen, se acabó todo. En cuanto a la felicidad, nos da por pensar que radica en tener amor y muchos amigos, y ya hace tiempo que disfrutamos de ingenios demoniacos como Facebook, Tuenti o, peor aún, Meetic.

El dispositivo-para-todo es una fantasía que alimenta nuestra imaginación con un combustible antiguo, el de la Piedra Filosofal o el Áuryn, hallazgos legendarios que cumplirán todos nuestros deseos. Los fabricantes de tecnología nos estimulan con estos mitos y seguramente ellos mismos creen que, tarde o temprano, conseguirán encontrar el Santo Grial del ocio, el cacharro que absorba nuestro tiempo de una vez por todas. A día de hoy, El Artilugio es el iPad, la tableta mágica. No es grande ni pequeña, es fácil de usar, tiene conexión a Internet, está de moda… Si naciese un hijo bastardo del iPad y el iPhone (con todas las posibilidades de los telefonillos inteligentes), estaríamos más cerca de la bola de cristal. Apple no ha anunciado nada de esto, aunque sí pequeños frankensteins como el iPad2.

La compañía de la manzana mordida (sucumbir a la tentación nunca sale gratis) tendrá que enfrentarse en 2011 a los mil y un competidores que sacarán tabletas al mercado, muchas de ellas más baratas que el iPad y mejores técnicamente. Motorola, Lenovo, Cisco, HP, Blackberry… La lista de los que han anunciado tablets revolucionarios es tan larga como la de los enemigos de Nixon, y no vale tirarles la bomba atómica.

A falta de algo mejor, la felicidad tendremos que buscarla en las redes sociales, donde pueden predecirse al menos un millón de intentos de golpes de Estado que desbanquen a Facebook, probablemente una sucesión de fracasos, como el que lleva anunciando Google desde hace una eternidad.

Tendremos tanto espacio disponible que el problema será encontrar el conocimiento suficiente para llenarlo. Ahora se lleva salvar nuestros archivos e informaciones en la Red, en la Nube, en la Bola, para no ocupar nuestra pobre y escasa memoria (la del iPad no da para mucho). Aun así, en 2011 se esperan discos duros de 3 terabytes, 300.000 veces más amplios que los de 10 megas con los que empezó todo. Y procesadores que transmitirán hasta 6 gigabits de datos por segundo. ¿Terminaremos succionados por tanto frenesí?

Faltan los videojuegos, el ocio puro y duro que invade tanto las tabletas como los móviles y cualquier dispositivo electrónico que se precie. Los reyes de las videoconsolas (Nintendo, Microsoft, Sony) se han enzarzado en una guerra por sustituir los mandos tradicionales . Ya no habrá botones, sino que los movimientos de nuestro propio cuerpo manejarán nuestro tiempo libre.

Introduzca TODO esto en un solo cacharro, más la inevitable publicidad, que enturbiará siempre nuestra imperfecta bola de cristal, y el resultado puede ser cualquier cosa, desde otro chasco industrial a la explosión tecnológica que cambie para siempre nuestra manera de buscar la felicidad, el saber, el poder.

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