Superbizarros

Superbizarros: Skateman

ImageUna derrota rápida siempre duele menos. La decadencia es consustancial a héroes que se arrastran por las viñetas durante cientos de números, intentando encontrarle sentido a una identidad coja, superflua o simplemente patética. De todo eso sabe mucho Trillador Nocturno, el héroe ninja del monopatín. Al igual que él, Skateman también fue una ocurrencia coyuntural. Si a finales de los 80 lo que se llevaba eran los monopatines, a principios de la década perduraba aún la fiebre de la música disco y los patines clásicos, dos ruedas atrás y otras dos delante. La diferencia es que Trillador Nocturno aguantó casi 20 años y Skateman duró tan solo un número, el primero y último (lo venden en Amazon por 1 dólar). No conoció el declive sino que hizo el ridículo de manera mucho más respetable: de golpe y sin demora.

En el (casi) impecable expediente de Neal Adams, líder de la “edad de plata” de la editorial DC, siempre figurará la mancha de Skateman. A finales de los 60 y primeros de los 70, Adams rediseñó a pesos pesados del cómic como Superman y Batman. Pero 1983 fue el año de Flashdance y de los Culture Club, con su enfermizo Karma Chameleon. Skateman se ajustaba a esa línea estética y se calzaba los patines para combatir a una confusa amalgama de Ángeles del Infierno, inmigrantes ilegales y atracadores drogadictos.

Portada del Skateman #1Ex combatiente del Vietnam (algo frecuente entre los superhéroes…. quizás una excusa para explicar su errático comportamiento), Skateman era un experto en artes marciales que vivía del patinaje profesional (¿?) hasta que, en un patoso incidente, mata a su mejor amigo (y contrincante) tras adelantarle y empujarle a las gradas. Atormentado por el suceso, se muda a California con su novia periodista, que poco después es secuestrada por el hampa.

Planteadas las motivaciones del héroe (sentimiento de culpa y ansia de venganza), el resto del único número jamás publicado de Skateman es una sucesión de diálogos estúpidos y breves refriegas en las que el protagonista patina sobre las caras de sus enemigos. Rumores interesados dicen que en realidad Neil Adams no fue autor de semejante bochorno. Como buen artista disponía de un nutrido grupo de “negros” a los que responsabilizar de los proyectos fallidos.   

Esta trama tan rotundamente olvidable consiguió, pese a todo, pasar a la posteridad. Nombrado peor cómic de la historia en varias ocasiones, Skateman atesora una reducida pero fiel cohorte de fans que se disfrazan de su ídolo en las Comic-Con. Y todo porque supo hacerlo todo mal pero muy rápido, sin aburrir. Es mejor ser lamentable una sola vez que resultar mediocre el resto de tu vida.

Skateman en acción

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