Miguel Calzada

Quimeras y quilombos

No hay que perseguir quimeras. Lo ha dicho el Rey. “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”, dice la RAE. El paternal monarca nos dice que soñar es cosa de niños, pero en Cataluña no gusta la regañina. La independencia, “esa blasfemia de la clase media”, en palabras de George Bernard Shaw.

La Quimera, monstruo de la mitología griega que devoraba rebaños y hombres. Con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente, simbolizaba la mezcla horrenda e imposible que solo había venido al mundo para vomitar fuego. De los héroes se esperaba que la persiguiesen y diesen muerte, como hizo Belerofontes.

El portavoz del Gobierno catalán ha hablado: “Estamos totalmente de acuerdo en que no hay que perseguir quimeras”.

En el mito también había un rey, Yóbates. Decía que había que perseguir quimeras porque pretendía que la Quimera devorase a Belerofontes. Pero el héroe triunfó como solo triunfan los héroes. Terminó con la bestia gracias al caballo alado Pegaso, que había nacido de la muerte de otro monstruo (la decapitada Medusa). Y Yóbates no tuvo más remedio que casar a Belerofontes con su hija.

La Quimera era inmune a las flechas, pero Belerofontes usó un truco: una punta de plomo para su lanza. Cuando el monstruo empezó a escupir fuego, clavó el arma en su garganta. El fuego derritió el plomo, que se escurrió hasta los intestinos de la bestia. Es por eso que algunos mitólogos creen que la Quimera fue en realidad un volcán que destruyó ciudades y hombres en sucesivas erupciones. Un volcán en cuyas laderas habitaban leones, cabras y serpientes, hasta que un día quedó enterrado bajo su propia lava.

El mito de la Quimera es una de las más antiguas versiones del héroe que mata al dragón y se queda con la princesa. En Cataluña saben de qué va y todavía adoran a Sant Jordi. La fortuna de Belerofontes se agotó cuando intentó rozar el Olimpo a lomos de Pegaso. El dios Zeus envió un tábano que picó al caballo alado. Una coz hizo caer al héroe y Belerofontes se estrelló contra esa cosa tan dura llamada realidad.

Interpretaciones más elaboradas dicen que la Quimera es la visión deformada y pesadillesca de la antigua Diosa Madre de la fertilidad, asesinada para siempre por el héroe que instauró el patriarcado a base de mandobles de fálica espada. Los reyes saben muy bien de qué va el patriarcado.

“No son buenos tiempos para escudriñar en las esencias”. Eso también lo ha dicho el Rey. Escudriñar es lo que hacían los oráculos (en los astros, en los sueños, en las entrañas), como el que dijo a Belerofontes que solo con un caballo alado saldría victorioso. No queda claro quién es el dragón en la cuestión catalana, pero en el mito un híbrido (Pegaso) fue imprescindible para sustituir a otro (Quimera). No basta con pensar en caballos y dragones: hace falta echarle más imaginación si queremos que lo verdadero sea posible, y viceversa.

Como en todo mito, abundan las lecciones para quienes tengan la tentación de ser héroes. Sant Jordi fue decapitado. Belerofontes murió ciego, tullido y maldito. Tras caer de lomos de Pegaso, pasó la vejez cruzando fronteras que no figuraban en ningún mapa, “siempre evitando los caminos de los hombres“. Quizás el golpe le devolvió la cordura.

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2 thoughts on “Quimeras y quilombos

  1. rosa dice:

    Una vez más me sorprendes con esa capacidad de relacionar los datos de lo cotidiano con el saber antiguo. Bravo por tu poder de síntesis.

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