Miguel Calzada

La Gran Conspiración Mundial

“Cuando dos empresarios quedan para cenar empieza a gestarse una conspiración contra el público” (Adam Smith)

Dos no conspiran si uno no quiere, pero las mejores conspiraciones son las que enfrentan a media humanidad contra la otra media. El hombre ha imaginado conspiraciones desde que camina sobre dos patas, y siempre le ha costado conciliar el sueño porque cree que una alianza de neandertales, judíos o comunistas conspira para destruir a los suyos.

Conspirar es conocer un secreto que pocos conocen y reunirse a escondidas para compartirlo. Puede ser en un café tenebroso o junto a una hoguera, lo que importa es hablar entre susurros y comprobar que nadie te sigue. Algunos consiguen vivir en la conspiración, como Milton William Cooper, autor de Behold a Pale Horse.

Una amalgama de 500 páginas con diarios anfetamínicos, fotos borrosas, fragmentos de la Constitución y transcripciones top secret. Un Apocalipsis que vendió cientos de miles de copias. La teoría de Cooper ha sido copiada por casi todos los conspiranoicos del siglo XXI: la verdad está ahí fuera, pero no podemos verla porque Ellos la ocultan. El Gobierno y las multinacionales están lavando el cerebro a las masas para esclavizarlas. Furibundo locutor radiofónico de onda corta, Cooper fue un héroe para la extrema derecha americana. Tim McVeigh, el terrorista que mató a 168 personas en Oklahoma, no se perdía ninguno de sus programas.

Perseguido por no pagar impuestos, Cooper vivía como un fugitivo en una autocaravana aparcada en mitad del desierto de Arizona. Tenía dos perros, una pequeña emisora de radio y un rifle. De joven había sido marine, pero todo se torció cuando descubrió que Ellos ya estaban aquí. En su delirio aseguraba haber leído unos documentos ultrasecretos en los que se hablaba del pacto entre el general Eisenhower y los alienígenas.

Según Cooper, las logias masónicas eran las encargadas de tratar con los aliens y garantizar que la humanidad no supiese de su existencia. El Club Bilderberg, la reunión anual de los poderosos del mundo, también estaba implicado. Una conspiración de ricos y marcianos para dominarnos y para, nunca mejor dicho, alienarnos.

Frank Wisner, director de operaciones de la CIA en los años 50, jamás se hubiese tomado en serio las teorías de Cooper. Él también creía que Ellos estaban ahí fuera, pero no eran alienígenas lo que había que buscar sino espías soviéticos. Vivía obsesionado con la contrainteligencia. El primer mandamiento del espía es que cuando descubres algo de tu enemigo es porque tu enemigo quiere que lo descubras. Wisner no sabía qué hacer con los secretos que sus agentes traían de la Unión Soviética. ¿Eran verdad o eran falsas informaciones para desorientar? ¿O acaso eran verdaderos secretos que la URSS filtraba para que los americanos desconfiasen y los tomasen por falsos?

Para Wisner, todos éramos agentes triples. Una persona era contratada por la KGB para infiltrarse en la CIA. Tras unos años como espía, el impostor era desenmascarado, pero la CIA, en lugar de hacer público el caso, le ofrecía un buen sueldo a cambio de huir a Rusia y espiar para ellos. Una vez en Moscú, el agente podía convertirse en cuádruple si la KGB lo descubría y le ofrecía un sueldo mejor a cambio de regresar a América pidiendo asilo político. Y así hasta el infinito.

William Cooper dejó escritas tantas conjeturas que algunas resultaron ser ciertas. Fue el primero en acusar a la CIA de vender drogas en el gueto para financiar operaciones encubiertas en Latinoamérica. Años después, la propia CIA reconoció que era cierto. ¿O quizás lo dijeron para que creyésemos que era mentira?

Frank Wisner se volvió loco cuando comprendió la verdad. Todos los que le rodeaban eran infiltrados de la KGB, de eso estaba seguro, pero ¿y si él también era un agente doble? ¿Cómo podía saber que no trabajaba para los rusos? Ellos no estaban ahí fuera sino aquí dentro, en tu cabeza. Le ingresaron en un psiquiátrico y cuando le dieron el alta se fue a vivir al campo. Allí cultivó orquídeas y rellenó fichas con los datos de sus escasos vecinos, que probablemente eran agentes del comunismo internacional.

El 5 de noviembre de 2001, dos sheriffs rodearon la autocaravana de Cooper para detenerle. El paranoico que creía que los extraterrestres nos habían conquistado disparó antes de preguntar y mató a uno de los policías. El otro vengó a su compañero reventando el cráneo de Cooper con una bala del calibre 36.

Frank Wisner buscó secretos hasta el último aliento. Su familia había escondido todas las armas de la casa, pero él consiguió encontrar una escopeta en el garaje. Se metió el cañón en la boca y apretó el gatillo.

Casi todas las conspiraciones acaban con un tiro en la cabeza del conspirador.

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2 thoughts on “La Gran Conspiración Mundial

  1. 1936 dice:

    hay varias clases de conspiraridiculos( racistas o neonazis o fanaticos relilocos o patrioteros anticomunistas o partidarios de filosofias orientales etc…) pero de todos esos esperpentos con delirios mentales los que mas me hacen gracia y me causan risa son los de la ufologia jajajaxD.

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