Miguel Calzada

Lo que la gente busca en Internet: la lucha de Anderson contra McGovern

La Red es una maraña de páginas imposible de descifrar. Es más fácil saber cuántas estrellas hay en el cielo que el número de webs del ciberuniverso. Pese a que los buscadores indexan miles de millones, la mayoría están vacías o inactivas. Basura espacial que flota a la deriva. Netcraft lucha por un censo más serio: cada mes envían un mensaje al cibercosmos y toman nota de los que responden. En enero de 2012 cuentan 582.716.657 páginas.

Sabemos que las personas usan buscadores para encontrar su particular aguja en el pajar. También sabemos lo que buscan: en 2011 muchos han enloquecido con esta canción ñoña y la fatal mezcla “Elecciones” y “Bankia” ha dominado el panorama español.

Lo que no sabemos es por qué la gente busca lo que busca. Chris Anderson, antiguo periodista de The Economist y redactor jefe de la excelente Wired, dice que en Internet hay sitio para todos. Dice que “el futuro de los negocios es vender menos cantidad de más cosas“. Nadie controla la Red, que poco tiene que ver con la tele o la radio, donde un número limitado de emisoras decide lo que existe y lo que no. En Internet una tendencia marginal puede convertirse en trending topic y las minorías pueden conquistar el mundo.

Anderson llama a su teoría la “larga cola” y pone como ejemplo Amazon: venden pocos ejemplares de cada libro, pero se hacen ricos porque venden muchos libros diferentes. En lugar de centrarse solo en bestsellers (Dan Brown y Harry Potter, según estadísticas Nielsen 1998-2010), se preocupan por contentar también a los fans de chalados como Milton William Cooper. En Internet se refugian los marginados, y cuando se encuentran descubren que son muchos.

El irlandés Gerry McGovern, otra autoridad en la materia, dice que Anderson se equivoca. Los contenidos de culto están sobrevalorados, ya que según sus datos al final todo el mundo busca lo mismo. Sota, caballo y rey: el 25% de los internautas está buscando ese 5% de cosas simples pero indispensables (como comprar un billete de avión o saber si han matado al presidente). McGovern cree que la “larga cola” de Anderson está muerta: allí se encuentran un 60% de las webs, pero solo un 20% de internautas las visitan.

Si creemos a McGovern, con la “larga cola” pasa un poco como con el típico canal televisivo de temas culturales: todo el mundo lo elogia pero al final nadie lo ve. ¿Qué sentido tiene, se pregunta McGovern, gastar esfuerzos en nichos minoritarios que jamás nos darán de comer? Lo que hay que hacer es ser los mejores en las cosas simples. Si casi todo el mundo quiere almorzar un bocata de chorizo, ¿por qué perder el tiempo preparando canapés?

Nadie sabe qué quiere la gente de la Red, pero conviene tener en cuenta que Anderson trabaja en una revista especializada (la Biblia geek) y que McGovern asesora a webs de comercio electrónico. Tiene pinta de que cada uno ha visto lo que estaba mirando. Es lo bueno de Internet: lo más probable si buscas algo es que lo encuentres.

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