Miguel Calzada

Los verdaderos resultados de las elecciones

Las presidenciales de 2011 ya son historia y entre el sinfín de previsibles análisis y disputas tendrá un lugar preferente la Ley Electoral. Casi todo el que la menciona anda cabreado, aunque por diversos motivos. ¿Es verdad que favorece a los nacionalistas?

No tanto. Más que nada perjudica claramente a quien dispersa sus votos entre varias provincias. Pero sobre todo favorece al PP y al PSOE. ¿Por qué? Porque los votos de los partidos que no consiguen llegar al 3% en una determinada provincia se pierden. No es un mal chiste, es la Ley. Un sistema de por sí anti-proporcional aplicado sobre pequeñas circunscripciones (cuanto más pequeña la provincia, menos proporcional).

Si tuviésemos una circunscripción única (el conjunto de España) y un sistema proporcional perfecto en el que un ciudadano valiese un voto, los resultados serían otros. El 20N hubo 23.939.576 ciudadanos que transfirieron su poder soberano hacia 350 escaños. Por lo tanto, el precio proporcional del escaño es de 68.399 votos, un 0,28%. Por debajo de esa cifra, nadie debería entrar en el Congreso. La mayoría absoluta no sería tan barata como ahora: habría que conseguir un mínimo de 11.969.789 votos (1,1 millones más de lo que ha conseguido el PP).

Mediante este sistema, al Congreso llegarían finalmente 347 diputados. Tres escaños quedarían colgando y habría que repartirlos según algún oscuro mecanismo o, ya que estamos en época de recortes, suprimirlos. De los partidos actualmente representados solo se quedaría fuera Geroa Bai (al que el actual sistema ha vuelto a recompensar con su escaño pese a haber perdido una tercera parte de los votos que tuvo en 2008, quedándose en 42.411). Entrarían, en cambio, el Partido Andalucista, PACMA, Equo y Escaños en Blanco.

La Cámara quedaría así y resulta sencillo ver a quién ha beneficiado y perjudicado la actual Ley Electoral:

PP    158 escaños (-28)                   Equo    3 escaños (+3)

PSOE    102 escaños (-8)                  BNG    3 escaños (+1)

IU    25 escaños (+14)                     Coalición Canaria    2 escaños (=)

UPyD    17 escaños (+12)                Compromís    2 escaños (+1)

CiU    15 escaños (-1)                       PACMA    1 escaño (+1)

Amaiur    5 escaños (-2)                   FAC    1 escaño (=)

PNV    5 escaños (=)                        Escaños en Blanco    1 escaño (+1)

ERC    4 escaños (+1)                       Partido Andalucista    1 escaño (+1)

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4 thoughts on “Los verdaderos resultados de las elecciones

  1. Pingback: Los verdaderos resultados de las elecciones

    • Pablo dice:

      Muy interesante esta simulación, desde luego. Sin ánimo de defender a los grandes partidos, ni a los partidos nacionalistas que concentran su voto en pocas provincias, sí creo que es importante tener en cuenta otros aspectos aparte de la representatividad y la igualdad de todos los votos.
      La democracia, lo estamos viviendo, no es un sistema perfecto de gobierno, ni tampoco es un sistema en el que la justicia sea el valor supremo. La justicia es un valor importante en la democracia, pero no es el único ni el que siempre prevalece. Hay otros valores que el Estado y el Derecho deben asegurar: fundamentalmente el orden social, la paz social, el control social (utilícese cada término según la mayor o menor crítica que se quiera manifestar). También el pluralismo político o la igualdad son otros valores del Estado democrático.
      La Ley Electoral es una pieza de todo el complejo mecanismo político que es la democracia. Cada democracia tiene sus particularidades, no hay dos iguales porque no hay dos sociedades idénticas. Eso quiere decir que deben ajustarse las piezas del rompecabezas democrático para lograr el equilibrio entre todos esos valores. Con la circunscripción provincial se limita el pluralismo parlamentario y la igualdad, pero se facilita la gobernabilidad del Estado. Se corrige la proporcionalidad hacia el sistema mayoritario para conseguir un parlamento que no esté excesivamente fragmentado.
      De acuerdo con la simulación propuesta en el artículo principal, entrarían más partidos en el Congreso y se repartiría el poder mucho más: los grandes perderían muchos escaños con los mismos votos; los medianos con implantación nacional ganarían mucho en proporción a su actual importancia; los pequeños concentrados perderían un poquito y a cambio entrarían varios otros partidos pequeños y con apoyos dispersos por todo el territorio español.
      Eso en unas elecciones en las que el apoyo al partido vencedor ha sido abrumador, el mayor nunca obtenido en democracia. ¿Qué pasaría en unas elecciones en las que el voto se repartiera más? Pues probablemente ningún partido tendría capacidad para gobernar, no ya en mayoría absoluta, sino ni siquiera para adoptar decisiones por mayoría simple, porque siempre habría muchísimas posibilidades de crear mayorías de bloqueo.
      El Estado trata de garantizar la igualdad y el pluralismo, pero ante todo se trata de evitar el caos político y facilitar la viabilidad del gobierno. En un parlamento fragmentado todos nos sentiríamos igualmente representados, pero después de un tiempo quedaría patente que tanta variedad de opiniones resulta ineficaz para todos y al final eso va en perjuicio de cada uno.
      Por ello, en la Ley Electoral “no valen todos los votos lo mismo”, si se quiere decir con esa crudeza. Con las circunscripciones provinciales se pierde algo de representación e igualdad “formal”, pero se gana eficacia. El reto está en encontrar un equilibrio, porque está claro que la subrepresentación habitual de IU o UPyD resulta manifiestamente injusta, mientras que los nacionalistas obtienen un poder excesivo en las Cortes Generales. Gregorio Peces-Barba proponía una solución interesante, que me temo ha quedado en agua de borrajas: aumentar el número de diputados a 400 y repartir los 50 nuevos conforme a un sistema de restos computados como si fuera una circunscripción única. Con ello se estaría corrigiendo esa falta de representación, pero sin menoscabar la gobernabilidad del Estado.
      Los partidos políticos son piezas claves de la democracia, que es el juego de las mayorías pero sin despreciar los intereses de las minorías. Para ajustar una pieza hace falta reequilibrar todo el sistema, que es muy complejo y delicado. No sólo el sistema electoral, sino todo el sistema político. Si se quiere alterar el poder formal de los partidos, hay que estar preparado para compensarlo de otra manera.
      Otro asunto distinto, que me parece muy criticable, es la desconexión de muchos dirigentes políticos con la realidad de la gente de a pie. Ahí resultan muy interesantes las reclamaciones de los movimientos ciudadanos…
      No tengo la receta perfecta ni sabría ahora mismo proponer medidas concretas para reformar el sistema electoral, pero quería aportar mi punto de vista.

  2. El principal problema del actual sistema electoral es que distorsiona la realidad hasta tales extremos que los resultados electorales se sacrifican por el camino. Un buen ejemplo es el titular recurrente estos días que dice que el PP ha recibido el mayor apoyo de la historia de la democracia. Esto no es cierto. Sin ir más lejos, hace 3 años el PSOE tuvo 458.642 votos más de los que ha tenido ahora el PP (pero la Ley Electoral no le premió con la mayoría absoluta). Se habla de “avalancha azul”, pero con respecto al 2008 el PP solo ha ganado medio millón de votos (es el PSOE el artífice de su victoria, perdiendo cuatro millones). Tampoco es el mayor triunfo porcentualmente (lo conserva el PSOE del 82 con el 48%). Desde luego el sistema proporcional puro tiene sus inconvenientes, pero no creo que el de la gobernabilidad sea el más importante. Un Congreso constituido según proporcional puro tras las recientes elecciones tendría “solo” 3 partidos más en el Congreso (cada uno con 1 escaño). A nivel de gobernabilidad no afectaría, pero a nivel de representatividad sería interesante, por ejemplo, que un insólito partido como el PACMA consiguiese un escaño (se lo han ganado: tienen más votos que Álvarez-Cascos y más del doble que Geroa Bai). Comparto en parte la inquietud por evitar un Congreso “balcanizado”, pero la cuestión de la gobernabilidad es peliaguda. Un ejemplo: Italia (que ha experimentado con varias leyes electorales) ha llegado a ser un país bastante ingobernable pero, curiosamente, su mayor crisis social, cultural y económica ha llegado en su etapa más “gobernable” (la “Segunda República” y el Imperio de Berlusconi). Creo que el verdadero problema aquí no es solo la des-proporcionalidad (que podría justificarse en aras de un Parlamento más gestionable), ni tampoco la Ley D’Hondt. El problema son las circunscripciones provinciales, que des-proporcionan de maneras bastante curiosas: no todos los votos se están “sacrificando” de la misma manera en aras de gobernabilidad, sino que solo algunos votos sufren este trato. Los efectos prácticos de la Ley son complejos, pero lo que queda claro es que (aparte de premiar el bipartidismo, tan denostado últimamente) se da ventaja a micropartidos de ámbito ultralocal frente a micropartidos de ámbito nacional. La solución debería ser o todos o ninguno. Si Geroa Bai tiene escaño, es injustificable que Equo o Plataforma por Cataluña no lo tengan. Es decir, puedo entender (aunque no compartir) una Ley Electoral que favorezca el bipartidismo para simplificar las legislaturas. Lo que no entiendo es una Ley Electoral que “balcaniza” de manera selectiva. El quid de la cuestión, y en esto tú sabes muchísimo más que yo, sería utilizar el Senado para dar voz a esos ámbitos ultralocales. Pero en lugar de eso, hablan de suprimirlo. Tiempo de “recortes”, ya sabes…

  3. Pablo dice:

    Bien, corrijo lo de “el mayor apoyo obtenido en democracia”. De acuerdo en ese punto. Muy esclarecedores también este segundo análisis detallado de los datos y la reflexión sobre lo que hubiera sucedido en estas elecciones sin el sistema de circunscripciones provinciales (“what if”, como se titulaba una serie de Marvel que recogía episodios de los superhéroes en realidades paralelas [en honor a tu serie dedicada a los personajes de cómic fallidos]).
    Sin embargo, reitero la idea principal de que las reformas han de ser prudentes y muy maduradas en un ámbito tan delicado como el régimen electoral, donde tocar una pieza afecta a todo el sistema. Quizás algún día me dedique a estudiar con detenimiento este aspecto, pero de momento no lo he hecho. Y no es que rechace simplemente toda reforma de la Ley electoral, pero el cambio a la circunscripción única tiene efectos enormes en el resultado parlamentario.
    De acuerdo también en la importancia de reformar el Senado. Tenemos un Estado muy descentralizado, casi federal, y en esas condiciones resulta esencial que los territorios participen en el gobierno del Estado. Y ello al menos en dos ámbitos: el político y el administrativo. Si en el ámbito administrativo la coordinación se puede llevar a cabo por medio de las conferencias sectoriales y de la llamada “alta inspección”, en el político hay pocas opciones tan adecuadas como una cámara parlamentaria de representación territorial. El régimen actual de las elecciones legislativas (pues se elige a los parlamentarios, no al presidente directamente, como sí sucede en Francia o EEUU) establece un sistema proporcional corregido en sentido mayoritario para el Congreso (regla D’Hondt) y un sistema mayoritario corregido en sentido proporcional para el Senado. El resultado es que las dos cámaras tienen una composición muy similar. Como la Constitución otorga preeminencia en la función legislativa al Congreso, la consecuencia que sacan quienes desconocen la enorme capacidad del Senado como cauce de representación territorial es, ni más ni menos, que lo adecuado es simplemente suprimirlo. Pero eso no serían recortes, sino podas indiscriminadas.
    Yo también creo, y esto no son opiniones originalmente mías, que hace falta otra cosa: reformarlo para que sea una verdadera cámara territorial. Hay muchas formas, pero tenemos un buen ejemplo en Alemania, que es el país en el que se inspira la organización territorial de la Constitución del 78. Ello me lleva a repetir que el sistema electoral está muy relacionado con otros aspectos del Estado y de la democracia, por lo que su reforma influye en muchos otros ámbitos. En este caso, el modelo autonómico, que acaso sea un asunto más acuciante que el régimen electoral.

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