Miguel Calzada

Sobrevivir no es obligatorio

“Cambiar no es obligatorio. Sobrevivir tampoco” (William Edwards Deming).

Citar a Deming parece apropiado ahora que Japón redescubre la pesadilla atómica, ya que él fue uno de los artífices de la reconstrucción tras Hiroshima y Nagasaki. Os destruimos pero os enseñaremos a caminar de nuevo, le dijeron al sometido pueblo nipón. Y allí estaba Deming, profesor de Estadística al que muchos hacen responsable de que Japón se especializase en productos de alta calidad y alta tecnología. Algunos de sus principios deben sonar rocambolescos para nuestras empresas, como el de no centrarse en los beneficios a corto plazo sino en inversión a largo término, o el de “eliminar el miedo” para que todo el mundo trabaje mejor. Llevado a Japón para que el invasor censara a los invadidos, dijo cosas que hoy suenan subversivas, como lo de desterrar de la empresa la rivalidad entre trabajadores, “principal causa de la baja productividad y la baja calidad”.

La productividad no consiste en nacer en Berlín y tampoco tiene nada que ver con hacer horas extra (de hecho es todo lo contrario a hacer horas extra). Hay varias maneras de ser productivo. La manera japonesa es que trabajen las máquinas. La italiana es tener productos de calidad y saberlos vender. En España tenemos el jamón ibérico, mucho más productivo hoy que hace 10 años, y eso que no se ha introducido ni un solo cambio tecnológico. Se debe únicamente a que se ha puesto de moda en California, donde están dispuestos a pagar mucho dinero para poder catarlo. Si la productividad es igual a dividir los resultados logrados por los recursos empleados, tenemos que el mismo jamón consigue mejores resultados, y la pata del cerdo gana en productividad sin pasar por Alemania.

Ni el neoludismo ni el neoliberalismo quieren entenderlo, pero el reto es que tanto las máquinas como las ideas trabajen para nosotros. Hubo un tiempo en que la idea era trabajar cada vez menos horas, y durante esas horas rendir cada vez más y cada vez con menos esfuerzo. Es para lo que sirven la tecnología y las ideas: hacen tu vida mejor.

El problema viene cuando nos encariñamos tanto con una idea, o con una tecnología, que no estamos dispuestos a abandonarla, aunque ya no sirva para nada, aunque empiece a ser un fastidio tener que defenderla cada mañana. O cuando adoptamos una nueva idea-tecnología sin saber por qué lo hacemos. Si no sabes para qué usar el iPad, no lo compres. Si no quieres que tus amigos te molesten con banalidades, no te metas en Facebook. No es obligatorio.

El problema viene cuando confundimos sentimientos con ideas. “Quiero ser feliz” no es una idea, pero podemos pensar ideas que nos ayuden a ser más felices. “Quiero ser libre” tampoco es una idea. Ninguna tecnología es feliz ni libre. Son solo máquinas, mesas, sillas, puertas… Hay que andarse con cuidado, porque lo antinuclear parecía hasta hace unas semanas una idea caduca, superada. Tenemos la tecnología necesaria para que sea una energía segura, nos decían. Y de repente Fukushima. En Italia se arrepienten de haber tirado a la basura la “silla” antinuclear, y anuncian que se lo pensarán dos veces antes de construir tropecientasmil centrales.

¿Cuándo se supera una idea? ¿Y una tecnología? A veces demasiado pronto, otras veces muy tarde. No es obligatorio cambiar, hay quien se queda toda la vida igual y consigue sobrevivir, como los fans acérrimos del heavy metal, que por pura constancia vuelven de moda con cada uno de los inevitables revivals. La vida es peor desde que existe Internet, dicen algunos, pero eso no es una idea. Internet es una mesa, útil para unas cosas y absurda para otras. El secreto es hacerlo fácil. ¿Existe algo más simple que un e-mail? En 1959, Arthur Summerfield, responsable del servicio de correos de Estados Unidos, utilizó un submarino del Ejército para lanzar un misil al que acopló una carta. Presionado por las altas esferas, buscaba la manera de convertir el correo transoceánico en algo rápido y eficaz: “Estamos en el umbral del correo por cohete. El correo llegará en misiles desde Nueva York a Australia”. Se equivocaba. Ya lo decía Deming: “No confíes solo en la tecnología para resolver tus problemas”.

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6 thoughts on “Sobrevivir no es obligatorio

    • asis dice:

      interesante el articulo de que las máquinas son para liberar al hombre, pero ciertas máquinas usadas no son lo suficientemente limpias y generan mucha migración

  1. La tecnología no sirve para liberar al hombre sino para hacer la vida más sencilla a los creadores de esa tecnología. Algunas pueden liberar al hombre, otras pueden servir precisamente para esclavizarlo. Las cárceles son lo contrario de la libertad, pero hacen la vida más sencilla a los policías.

  2. Pingback: Sobrevivir no es obligatorio | Wiki colaborativa Pedia

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