Miguel Calzada

De perdidos al río

De toda la vida se dice que, si pasas por Valladolid y te caes al Pisuerga, sólo hay una manera de no perecer ahogado por sus remolinos: dejarse llevar. El lecho del río traga a los que se resisten. Como el resto de cosas, esto lo descubrieron los chinos mucho antes que los vacceos. Chuang-tzu, filósofo que nació al morir Alejandro Magno, cuenta la historia de un anciano que perdió pie y cayó en aguas turbulentas. Fue arrastrado por la corriente a través de rocas, rápidos y altas cascadas. Para sorpresa de todos, apareció sano y salvo -aunque algo mojado- río abajo. Cuando le preguntaron cómo lo había hecho, respondió:

No lo hice. Al principio me resistí a la corriente. Luego, el hábito se hizo naturaleza. Finalmente, el consentimiento se convirtió en destino. Comprendí que si uno se zambulle con el remolino, brota con él, sale a flote con él. Me adapté al agua porque el agua nunca iba a adaptarse a mí. Nací en tierra árida y me adapté a la tierra árida. Crecí en el agua. (Herbert A. Giles, Chuang-tzu: Mystic, Moralist and Social reformer, AMS 1972, p.239)

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