Miguel Calzada

Generación Pavese

UNA GENERACIÓN

Un chico venía a jugar a los prados
donde ahora se alargan los caminos. Encontraba en los prados
muchachos también descalzos y saltaba de alegría.
Era bonito descalzarse en la hierba con ellos.
En la noche de luces lejanas resonaban disparos,
en la ciudad, y sobre el viento llegaba asustado
un lamento interrumpido. Todos callaban.
Las colinas desgranaban puntos luminosos
en la costa, avivados por el viento. La noche
se oscurecía, terminaba por apagarlo todo
y en el sueño sólo duraba el frescor de la brisa.

(A la mañana siguiente los muchachos regresan
y ninguno recuerda el lamento. En la cárcel
hay obreros silenciosos, alguno ya muerto.
En las calles han tapado las manchas de sangre.
La ciudad lejana se despierta con el sol
y la gente sale fuera. Se miran a la cara).

Los muchachos, en aquella época, iban por la calle
y miraban a la cara a las mujeres. Incluso las mujeres
no decían nada y dejaban hacer.
Los muchachos pensaban en la penumbra de los prados
donde iba alguna niña. Era bonito hacer llorar
a las niñas en la penumbra. Éramos los muchachos.
La ciudad nos gustaba por el día: por la noche, callar
y mirar las luces lejanas y escuchar los lamentos.

Todavía van muchachos a jugar a los prados
donde llegan los caminos. Y la noche es la misma.
Al pasar se siente el olor de la hierba.
En la cárcel están los mismos. Y las mujeres,
como entonces, hacen niños y no dicen nada.

Cesare Pavese, 1934

Anuncios
Estándar

2 thoughts on “Generación Pavese

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s